Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

 

Publicado: 3 nov 2017 04:46 GMT | Última actualización: 3 nov 2017 16:45 GMT

 

Coincidiendo con el 100.º aniversario de la Revolución bolchevique, se publica en Argentina el libro 'El amor y la mujer nueva', con textos de esta revolucionaria integrada en el primer Gobierno comunista.

 

Alexandra Kolontái, la primera mujer que formó parte de un Gobierno.

Sputnik

 

El próximo 7 de noviembre se cumple un siglo de la Revolución de Octubre que llevó a los bolcheviques al poder en Rusia. Se trataba de la primera revolución socialista triunfante de la historia y que marcó a fuego todo el siglo XX.

 

Aunque sus líderes más conocidos fueron Lenin, Trotsky y Stalin, hubo una mujer que sobresalió en un mundo hegemonizado por los hombres: Alexandra Kolontái, la primera mujer que formó parte de un Gobierno en la historia, al frente del Comisariado del Pueblo [Ministerio] para el Bienestar Social.

 

Que el feminismo hable

 

Para recuperar la historia de su vida y las claves de su pensamiento, Ediciones Mala Junta y la Editorial Cienflores han publicado en Argentina 'El amor y la mujer nueva', una compilación de textos de Kolontái, que incluye, además, su autobiografía y un prólogo de la socióloga e historiadora Dora Barrancos. "Antes de la edición de este libro estaba el viejo sueño de comenzar a editar publicaciones propias con el sello Mala Junta, la colectiva feminista a la que pertenezco", explica a RT María Paula García, que ha editado la obra junto con Diana Broggi.

 

"El sueño se fue transformando en una combinación de necesidad y urgencia: la cuarta ola feminista que atravesamos y de la que nuestro país es vanguardia reconocida requiere de reflexión, debate y conocimiento histórico", añade. García sostiene que, en este contexto, el objetivo pasa por que "los diversos feminismos" comiencen a "hablar en primera persona, a través de la voz, la vida y los debates planteados por sus protagonistas".

 

Cubierta del libro 'El amor y la mujer nueva' sobre Alexandra Kolontái. / Cortesíade

Ediciones Mala Junta

La idea de comenzar con una publicación sobre Kolontái surgió del encuentro con Maximiliano Thibaut, de la Editorial Cienflores, teniendo en cuenta que se trata de una dirigente política "conocida entre la militancia de izquierda y popular", pero "no tanto entre el público en general". No obstante, incluso entre quienes más la conocen "se ha indagado poco en lo que nosotras consideramos su aporte fundamental: la temática del amor y de la mujer nueva, que es, finalmente, el título que elegimos", explica la editora.

 

El camino a la revolución

 

Alexandra Kolontái nació en San Petersburgo en 1872 en el marco de una familia aristocrática. Como era costumbre en aquella época, no fue enviada a la escuela, sino que recibió educación particular en su hogar. Paradójicamente, la instrucción de la joven quedó en manos de Marie Strajova, "una educadora ligada a los círculos revolucionarios rusos", recuerda García.

 

A partir de entonces comenzó un camino de rebeldía que la llevó a casarse con su primo —del que adoptó su apellido—, tener un hijo y separarse poco después porque su marido se oponía a que estudiara y viajara. Sin embargo, "como ella misma relata, el hecho que cambió su vida fue la visita a la enorme y famosa fábrica textil Krengolm", remarca la editora. La propia Kolontái escribió: "Yo no podía llevar una vida feliz y pacífica mientras la población obrera se hallaba tan terriblemente esclavizada. Simplemente, debía unirme a este movimiento".

 

Tras estudiar economía política en Zúrich, Suiza, regresó a Rusia, donde se unió al recientemente fundado Partido Obrero Socialdemócrata. En ese momento comenzó su actividad como escritora y propagandista, participando en la revolución fallida de 1905. Cuando el partido se dividió, ella se puso del lado de los mencheviques.

 

Embajador mexicano ante la URSS entrega la orden "Aguila Azteca" a la que Kolontái fue galardonada en 1944. / Sputnik

 

Kolontái vivió exiliada en distintos países, entre ellos Alemania, donde se sumó al Partido Socialdemócrata local y militó junto a dirigentes como Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Karl Kautsky y Clara Zetkin. "Esta última fue una gran influencia respecto de la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras", subraya García.

 

Finalmente, cuando estalló la Primera Guerra Mundial —que abrió un cisma en el campo socialista entre quienes apoyaban el conflicto bélico y quienes lo rechazaban— Kolontái se ubicó del lado de la oposición, "al igual que Lenin". A partir de aquel momento, "comienza un gran intercambio epistolar", regresando a Rusia tras la caída del zar Nicolás II, en febrero de 1917, ya militando en el partido bolchevique.

 

Primera mujer de gobierno

 

Tras la toma del poder por los bolcheviques, Alexandra Kolontái fue nombrada al frente del Comisariado del Pueblo para el Bienestar Social. "Era la única mujer del gabinete y la primera mujer en la historia reconocida como miembro de un Gobierno", constata en su autobiografía.

 

"Mi primer acto como Comisaria del Pueblo consistió en compensar a un campesino al que le habían requisado el caballo. El hombre había oído decir que los bolcheviques estaban a favor de los obreros y los campesinos", escribió Kolontái. Ese campesino "fue al Instituto Smolni a ver a Lenin para que le asignara la compensación. Lenin lo atendió y lo envió a verme a mí con la orden anotada en una hoja de cuaderno mal arrancada", añadió. Para María Paula García, esa anécdota "ilustra lo maravilloso de una revolución desde las cosas aparentemente más pequeñas".

Como comisaria del pueblo, Kolontái llevó adelante "un ambicioso plan de trabajo", que incluía un importante programa de asistencia "para mutilados de guerra —en consecuencia, para cientos de miles de soldados y funcionarios lisiados—, el sistema de pensiones en general, las casas cuna, los asilos para ancianos, los orfanatos, los hospitales para necesitados, los talleres que fabricaban aparatos ortopédicos", entre otras cuestiones acuciantes.

Marxismo y feminismo

 

Más allá de las políticas públicas concretas, Kolontái jugó un papel fundamental en la lucha por el reconocimiento de las mujeres en la política, la economía y la vida social en su conjunto. La editora de 'El amor y la mujer nueva' asegura que, "si bien ninguna medida puede entenderse sin su peso político e institucional, tampoco puede explicarse tomando a Alexandra Kolontái como figura aislada". En ese sentido, "su pensamiento y acción se enmarcan en una amplia historia de pensadoras socialistas que desde finales del siglo XIX debatieron el papel de la mujer y de la familia, tratando de vertebrar marxismo y feminismo".

 

Si bien el voto femenino fue instaurado durante el Gobierno Provisional entre febrero y octubre de 1917 —un año antes que Gran Bretaña y dos antes que EE.UU.—, la dirigente revolucionaria impulsó políticas que fueron mucho más allá.

 

Alexandra Kolontái / Sputnik

 

No en vano, pocos meses después "presentó un modelo de divorcio basado en el mutuo acuerdo de las partes, simplemente yendo a registrarlo oficialmente". También eliminó el matrimonio religioso, simplificó los trámites para casarse y "ya en 1918 se suprimió la patria potestad del esposo sobre la mujer, no pudiendo ya imponerle su apellido, su nacionalidad, ni el domicilio".

García destaca que "otra medida revolucionaria fue el decreto de patria potestad compartida (que en Argentina se obtuvo en la década de 1980] y, sin duda, la más avanzada fue el derecho al aborto en 1920".

 

Sin mujeres no hay revolución

 

María Paula García sostiene que la dirigente bolchevique "no solo innovó al interior del marxismo", sino que también "se adelantó a los debates del feminismo radicalde los años 60". Como marxista "estaba convencida de que ningún cambio profundo sería posible sin transformaciones materiales estructurales". Sin embargo, consideraba el desafío "mucho más complejo y rico", incorporando "elementos y problemáticas nuevas que, tanto el marxismo tradicional como los bolcheviques, no tuvieron en cuenta o, como mínimo, subestimaron".

 

Desde su perspectiva, "la abolición de la propiedad privada, la socialización de los cuidados y de las tareas domésticas, y la incorporación al mercado laboral eran condiciones necesarias, pero no suficientes". Para liberar realmente a las mujeres, la revolución también debía ser "psicológica" y afectar a "las relaciones entre los sexos", "las costumbres" y "la vida cotidiana". Ante la resistencia que provocaban sus planteamientos "entre sus propios compañeros", advirtió que "prorrogar estas cuestiones en nombre de lo urgente no haría más que, en definitiva, prorrogar la revolución".

 

En ese aspecto, García recuerda que las ideas de Kolontái se apoyan en dos puntos fundamentales. En primer lugar, que "para construir un mundo mejor" desde el marxismo, además de cambiar la economía, "tenía que surgir el hombre nuevo". Ahí se inscribe "la necesidad de una mujer nueva que, además de ser independiente económicamente, también lo sea psicológica y sentimentalmente".

 

En segundo lugar, replanteó la idea del amor, estableciendo que es "un factor psicológico y social", contrariamente a la burguesía, que siempre lo consideró "un asunto privado y permeado por la idea de la propiedad" y, por lo tanto, "al servicio de sus intereses de clase".

 

Kolontái desde América Latina

 

¿Por qué es importante recuperar la figura de la revolucionaria rusa en el centenario del proceso político que la dio a conocer? En primer lugar, García apunta que "conocer, debatir y profundizar sobre la Revolución rusa y sus protagonistas debería ser tarea ineludible para todas y todos los que pretendemos cambiar el mundo".

 

Ese "atrasado" país de Europa fue el "primer ensayo de cambio social y de construcción de una nueva sociedad sobre bases comunistas por parte de las clases oprimidas y explotadas", subraya. En ese marco cobra importancia "el rescate de la figura de Alexandra Kolontái", porque —recalca— "fue una pionera en la acción concreta y el pensamiento de cómo se transforma una sociedad integralmente". Su postura incide en subrayar que "con las cuestiones materiales no alcanza", por lo que es necesario "transformar profundamente la psicología de un pueblo", para lo que "el amor y las relaciones entre los géneros es fundante".

 

"En un continente atravesado históricamente por revueltas, rebeliones y revoluciones contra la dominación colonial e imperialista, rico en organizaciones y movimientos sociales, los aportes de Kolontái son muy valiosos", estima García.

 

"¿Cómo se construye una nueva sociedad?, ¿de qué manera puede terminarse con las pesadas cadenas de la opresión?, ¿basta con decretar el fin de la opresión?, ¿basta con dictar nuevas leyes, códigos y políticas públicas para terminar con el patriarcado?, ¿cómo se cambian las relaciones amorosas?, ¿cómo se transforma la psicología de un pueblo?, ¿puede decretarse el final de la familia monogámica e impulsar el amor libre?", se pregunta. Y responde: "Kolontái esbozó muchas puntas para retomar y profundizar. Y en eso estamos".

 

 

Santiago Mayor

 

María Paula García, editora de 'El amor y la mujer nueva'“Kollontay planteó la necesidad de una mujer nueva que, además de ser independiente económicamente, debía serlo también psicológica y sentimentalmente"

María Paula García, editora de 'El amor y la mujer nueva'

 

Tema:100 años de la Revolución rusa