Ariel Roman

26 november kl. 22:29

 

Cuál golpe de Estado...?

 

 

APUNTES PARA UN BALANCE DE LA RECIENTE CAÍDA DEL GOBIERNO DE EVO MORALES


Parte 2 de 4

Morales fue expulsado del poder por una gran movilización popular, NO por un golpe de estado. Los golpes de Estado son acciones cupulares, planificada e impuestas desde arriba, son operaciones ejecutadas por grupos operativos del Ejército en coordinación con algunos sectores civiles al margen de las grandes masas y por lo general contra ellas.

En octubre del año 2003, el Gobierno de Goni (MNR), fue expulsado del poder por una gran movilización popular. En cierto momento del conflicto, el ejército se dio la vuelta, después de que la policía ya se había amotinado. Es grafica la imagen de los milicos, pactando la paz y abrazándose con los mineros en la ciudad de El Alto La Paz. Acto seguido Goni escapo del país en avión. Después, desde el exterior, los derrocados afirmaron que “un golpe de Estado”, los había sacado del poder.

Los ideólogos reformistas han ideado la teoría del Golpe de Estado para ocultar el evidente agotamiento político del MAS. Esa teoría no se la traga nadie, lo cierto es que ninguna de las tonterías inventadas por los reformistas, refuta el hecho de que el MAS cayó como consecuencia de su política de conciliación con la burguesía, con las transnacionales y la oligarquía terrateniente cruceña en resumidas cuentas por su política de preservación del capitalismo, de su “proceso de cambio” que NO conduce al socialismo, sino a fortalecer a los capitalista, para que luego, cambiadas las condiciones, cuando las masas chocan con los impostores en el gobierno caracterizado como corrupto, vendepatria y fraudulento, sus socios de ayer les den una patada en el trasero.

La teoría de que una “división interburguesa” explica la convulsión social vivida en el país es equivocada. Es más que evidente que la burguesía y la vieja derecha que hoy se adueña del poder, no pensaron ni por un momento en que la rebelión popular llevaría las cosas a los extremos que llegaron. Al inicio del conflicto, la burguesía agroindustrial cruceña, aliada del MAS (semanas antes le habían regalado a Evo Morales un caballo avaluado en más de $us. 60.000), las trasnacionales y el propio imperialismo, marchaban detrás de Evo Morales. Almagro, de la OEA, expresando los intereses del imperialismo norteamericano, que meses antes vino a dar su bendición a la reelección ilegal de Morales, no abrió la boca sino hasta el último momento y solo para dar la estocada final a un gobierno que se cae. No olvidamos que hasta la víspera, Bellot, máximo representante nacional de la Federación de empresarios privados, formo parte del CONALCAM. Todos ellos estaban seguros que el Gobierno controlaría la situación, tanto es así que en el primer Cabildo en Santa Cruz, los cívicos derechistas, ligados a la CAINCO, si bien, por la presión social se vieron obligados a incorporar las demandas de la Chiquitania de anulación de leyes y decretos que favorecían al agro negocio y a los traficantes de tierras permitiendo la devastación de los bosques, la demanda de recuperación del litio y la de los médicos y trabajadores de salud, etc, se esforzaron por que la sangre no llegue al rio y convocaron al “voto castigo” avalando y entrando al juego de la farsa electoral del oficialismo. En debido momento el POR advirtió que eso equivalía a avalar el fraude ya preparado, una percepción compartida por el 68% de la población.

La cínica manipulación fraudulenta de las elecciones, arrecio la ira popular, particularmente de la clase media. Después del gran Cabildo Nacional realizado en La Paz, y simultáneamente en todas las capitales principales e incluso en el exterior (Madrid, Barcelona, Nueva York, etc), la burguesía nativa y el imperialismo, cayeron en cuenta que la situación había cambiado y que el gobierno perdía el control de las masas. Un cabildo cuyo contenido antimperialista y anti burgués queda subrayado cuando sus resoluciones no se limitan a reclamar por el respeto al voto, sino que iban mas allá reclamando la recuperación de los recursos naturales de manos de las transnacionales y la reversión de las tierras entregadas a los agroindustriales y traficantes, además de las demandas de los sectores de salud y educación. La burguesía y el imperialismo no podían permitir que las cosas se desarrollen por esa vía.

La burguesía y el imperialismo se dieron la vuelta cuando constataron que Evo NO podría controlar a las masas en rebelión.

El gobierno estaba seguro que tenía bien controlada a la policía a través de sus comandantes corruptos y políticamente afines, lo que no tomaron en cuenta fue el gran malestar en la base policial, percibido por todos los manifestantes que estaban seguros que cualquier rato la policía se daría la vuelta, malestar que estalla como motín policial en Cochabamba y en cuestión de horas se generaliza por todo el país, lo que puso en jaque al gobierno que tampoco creía que las cosas llegaría hasta donde llegaron. Por su parte el Ejército que hasta la víspera estuvo, a través del General Kalliman, bien alineado con el gobierno, se resiste a salir a las calles a reprimir y “recomienda” al presidente renunciar a su cargo en aras de la “pacificación” del país. Todo esto es una "gran rebelión popular" que dista kilómetros de ser un golpe de estado.

En ninguna parte del mundo y mucho menos en Bolivia, la policía y el ejército puede escapar a la presión de la lucha de clases. En Bolivia, se ha dado el caso del surgimiento de una tendencia revolucionaria en las FFAA (Vivo Rojo), que para el presente conflicto, está ausente. El Boliviano es un ejército plebeyo, que nunca alcanzo a constituirse como ejercito de casta, reflejando la pequeñez de la clase dominante y el Estado, no pudo desarrollar una ideología castrense nacional que lo haga impermeable a las presiones políticas de la lucha de clase, a pesar de las reformas hechas y los privilegios otorgados por el gobierno de Morales, como eso de la creación de la Escuela Antiimperialista de las FFAA. Otra tanto se puede decir de la policía reformada por el gobierno, una policía de hambrientos, miserablemente equipados y dirigidos por mandos corruptos y abusivos, que pocos días antes de la eclosión social que sacudió al país fue desarmada a título de “mantenimiento” de equipos, poniendo en evidencia la desconfianza y susceptibilidades del gobierno frente a la base policial, donde se había acumulado el odio y la frustración frente a la evidencia de que el famoso “proceso de cambio” no había cambiado nada al interior de la “institución del orden”. El motín policial, y la negativa del ejército a salir a reprimir, forman parte del estallido del malestar popular contra el gobierno impostor, los policías de base, tienen sus propias demandas y acertadamente el Cabildo en Cochabamba las incorpora a las demandas generales. La actitud de Camacho en Santa Cruz, días antes, es diferente, él es el gerente ofreciendo demagógicamente concesiones para comprar adhesiones.

Después de la salida de Morales, los MASIStas tienen trazado el llamado “Plan Pagador”, que consiste en generar un clima de confrontación social extrema, masacre de por medio, que permita exigir el retorno de Evo Morales al poder como único capaz de pacificar el país. Para ese momento de la crisis política y social del país, la clase media esta aterrorizada, por la acción de los provocadores MASistas, que usa a los campesinos como cobertura para el despliegue de pandilleros y facinerosos contratados, para quemar casas, saquear comercios, reclaman a gritos la intervención de las FFA armadas y recibe como héroes a los uniformados para que les traigan “paz y seguridad”, no importa a costa de ensangrentar las calles. Eso es lo que los tenebrosos planes MASistas están buscando, con asesinos y pandilleros contratados para provocar muertes para terminar al final negociando cuotas de poder. Logran su propósito con la masacre de Sacaba. Los militares exigieron respaldo político para ejecutar acciones de represión ante el rebasamiento de la policía. El gobierno fascista no duda en darlas y en medio del aplauso de la clase media derechizada, aprueba del decreto 4078, que otorga garantías a los oficiales que disparen contra los campesinos y nuevamente salen a flote los rasgos gorilas de las corrientes fascistas al interior de las FFAA y la policía, que actúan acompañados por jóvenes de la clase media acomodada de mentalidad fascista, racista y paramilitar.