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Declaración del POR de Brasil – 20-11-2019

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Derrotar al gobierno autoproclamado de Jeanine Àñez bajo la estrategia y el método de la clase obrera

 

 

La renuncia de Evo Morales y la partida de todo su gobierno crearon un vacío de gobernabilidad, que fue ocupado por la representante de la oposición de derecha, Jeanine Áñez. El derechista, ultrarreaccioniario católico y racista por excelencia, Luis Fernando Camacho, sirvió como pilar para la autoproclamación de la senadora. El candidato opositor de derecha Carlos Mesa aprobó la medida de emergencia, pero se mantuvo hasta cierto punto al margen de la conformación del gobierno. Prefiere usar la máscara de la legalidad, esperando a aprovechar las elecciones.

En el momento en que Jeanine constituyó un gobierno autoproclamado – sin fijar la fecha para las nuevas elecciones, modificando la cúpula militar y policial, armando la represión sangrienta contra las manifestaciones a favor de Evo, impidiendo el regreso de Evo y emitiendo un decreto que autoriza a las Fuerzas Armadas para matar – desató un golpe de estado contra las masas, que se levantaron por la renuncia de Evo. Este es el punto de partida de la lucha por el derrocamiento del gobierno provisional fascistoide. Lo que exige el desarrollo del programa, de la estrategia y del método de lucha del proletariado.

Debe quedar claro que Jeanine no es una expresión política del movimiento social, que se rebeló contra el engaño electoral y la continuidad de Evo como presidente, aunque una fracción de la pequeña burguesía reaccionaria movilizada haya servido a Camacho y a Mesa. Esta es una fracción que utilizó formas de terrorismo individual y quemó la wiphala como una señal de que la burguesía blanca estaba tomando las riendas de la gobernabilidad. El único mandato de un gobierno interino era convocar inmediatamente nuevas elecciones. Resulta que buena parte del movimiento contra la continuidad de Evo estaba bajo la dirección política de la oposición derechista, incluso contando con la lucha del Partido Obrero Revolucionario (POR) por la independencia política de los explotados.

El oscurantista Camacho, atrincherado en el Comité Cívico de Santa Cruz, basado en el agronegocio y guiado por el fanatismo religioso, se levantó con una fuerza social que no tenía y aprovechó para llenar el vacío de gobernabilidad creado por la renuncia a todo el gobierno del MAS. Jeanine se auto-proclamó presidenta interina, contando en esta fuerza política, que no tiene ninguna expresión popular. Las Fuerzas Armadas y la Policía, que son instrumentos de la dictadura de clase burguesa, abandonaron a Evo y procedieron a asegurar la formación de un gobierno que no expresó a las capas populares que se rebelaron contra el gobierno del MAS. En este preciso sentido, el gobierno interino se otorgó un poder que no emanaba de la revuelta derivada de la disputa interburguesa en las elecciones de octubre y, por lo tanto, desató un golpe contra la mayoría oprimida.

Esto sucedió debido a la combinación de varios factores, que se manifestaron en el proceso que condujo a la ruptura institucional, impulsada por la revuelta de una porción importante de la población. No hay duda de que sin un movimiento de rechazo del fraude electoral que explote, no habría posibilidad de desestabilizar el gobierno de Evo y potenciar la división interburguesa en favor de la oposición de derecha, hasta el punto de conducir a la renuncia del presidente. También en este sentido, la caída de Evo se debió a la movilización popular.

El gobierno interino expresa los métodos para resolver la cuestión del poder de la burguesía, en las condiciones de crisis de gobernabilidad, en la que la clase obrera no estaba en condiciones de imponer su propio poder. La solución golpista era y es parte de la crisis revolucionaria por la que pasa Bolivia, desencadenada por la bancarrota del gobierno reformista nacional de Evo Morales. Esta situación contradictoria se debió a la imposibilidad de que el POR obtuviera la dirección de las masas y resolviera la cuestión del poder mediante los métodos revolucionarios del proletariado. La derecha opositora, apoyada por el gran capital y el imperialismo, no podía expresar la real voluntad popular de las masas, que reaccionaron a las maniobras del gobierno imponente del MAS.

Evo renunció mediante de la acción directa del contingente popular, que ya no confiaba en su gobierno. Ahí radica el factor principal de su caída. El consejo del comando militar para que renunciase fue consecuencia de la enorme división dentro de la población, o más bien, dentro de la mayoría oprimida. La mecánica de la crisis revolucionaria no puede ser ignorada sin borrar el lugar de las masas en la caída de Evo, y sin ignorar la importancia de la lucha del POR para separarlos de los intereses y políticas de la oposición de derecha, y del propio gobierno burgués de Evo.

Cuando Evo renunció y todo su gobierno cayó, se abrió una nueva situación en el curso de la crisis revolucionaria. Deben distinguirse las dos etapas de la crisis. El actual gobierno se opuso al objetivo democrático que movilizó a una porción significativa de la población, que no solo pidió la renuncia de Evo, sino también el llamado inmediato a nuevas elecciones. Por esta razón, afirmamos que el autoproclamado gobierno de Jeanine es un duro golpe para los miles y miles que salieron a las calles para exigir la renuncia de Evo, y también para la resistencia de la parte que sigue siendo fiel al caudillo masista.

Evo intentó deshacerse de la responsabilidad de la crisis de gobierno y su propia renuncia al afirmar que fue víctima de un golpe de estado. La decisión de cumplir con la «recomendación» del general Williams Kaliman de renunciar como gesto de pacificación del país no es secundaria. El mantención del movimiento en las calles durante más de veinte días y la negativa de la policía a reprimir, después de un primer ataque contra los manifestantes, así como la falta de respuesta por parte de los gobernadores, indicaron que era imposible para Evo mantener la gobernabilidad.

La Organización de los Estados Americanos (OEA) jugó un papel importante en la decisión de Evo. Este cuerpo de imperialismo acompañó las elecciones, buscó una solución intermedia que mantuviera a Evo en la presidencia, y finalmente ayudó a confirmar las maniobras electorales que la población ya conocía. Las Fuerzas Armadas expresaron su posición a favor de su renuncia tan pronto como la OEA oficializó el fraude electoral.

Aunque estuvieran confundidas, uno no puede dejar de separar la bandera de renuncia, encarnada por el movimiento de masas, del ultimátum de renuncia, entregado por el Comité Cívico de Santa Cruz, bajo los auspicios de Camacho, así como el «consejo» de las Fuerzas Armadas. , que se hizo eco de la posición de la derecha opositora. Evo no solo renunció, sino que también desmanteló todo su gobierno. No utilizó su mayoría parlamentaria para llevar a cabo una resistencia institucional. Por supuesto, en principio, su renuncia no implicó la partida de todos, ni el abandono de la Asamblea Plurinacional. Si el presidente renunciara pero mantuviera al gobierno en pie, el curso de los acontecimientos habría sido otro. No se trata de especular, sino simplemente de resaltar la maniobra derrotista de Evo y sus partidarios. La primera impresión es de conducta política cobarde.

La razón de tal debilidad es que es el agotamiento del gobierno pequeño burgués, que se ha adaptado profundamente a los intereses de los grandes terratenientes, se ha acomodado a las presiones del imperialismo y ha engañado a los oprimidos con la posibilidad de que los campesinos indígenas gobiernen de acuerdo con sus necesidades La esencia de la impostura del Estado Plurinacional era crear la esperanza, en torno a la política pequeñoburguesa, de que la mayoría nacional oprimida finalmente gobernaría, constituyendo un gobierno indígena, que rompería con el dominio de la minoría blanca, heredero del colonialismo. El esfuerzo demagógico por mostrar que los racistas ya no eran dueños del poder era para ocultar una vez más el carácter de clase de la profunda discriminación que separa a la minoría rica burguesa y pequeña burguesa de la gran mayoría campesina india que vive el día a día la opresión, en muchos casos semi-feudal, trabajo extenuante, pobreza y miseria.

La experiencia del «socialismo indígena» confirma que, por muy reformista que sea, choca con la gran propiedad de los medios de producción, a partir de los cuales se construye el poder de clase burgués. La evolución de Evo, elegido en 2005, hacia los intereses de la oligarquía latifundaria cruceña, las compañías petroleras, los grandes constructores y las compañías mineras, durante sus tres mandatos, es incuestionable. Solo los oportunistas, que viven bajo la sombra de los gobiernos reformistas nacionales, deben ignorar la degeneración completa del «socialismo indígena». Evo y Linera, su ideólogo adjunto, intentaron adaptar la socialdemocracia en Bolivia, llenándola del indigenismo falsificado de las nacionalidades oprimidas, bajo la órbita capitalista.

El colapso de Evo fue lamentado por numerosos representantes de la burguesía latinoamericana, e incluso por algunos representantes del imperialismo europeo. En el sentido de que la insistencia en permanecer en el cargo a toda costa ha destrozado un invaluable «legado». En resumen, «el primer presidente indígena de Bolivia amplió los derechos de los pueblos indígenas y utilizó el dinero de las ventas de gas natural para reducir la pobreza». Así dice The Economist, el órgano del imperialismo. Lo cierto es que el gobierno «distribucionista» evidenció su declive en la derrota sufrida en 2016, cuando la mayoría de los bolivianos negaron a Evo una nueva candidatura, votando NO en el referéndum. La política de migajas para los pobres y riqueza para los ricos, típica del reformismo de la era imperialista del capitalismo, perdió su lugar a medida que los precios de los productos básicos cayeron y la recesión económica del país se hizo inevitable, en virtud de la crisis mundial. Cabe señalar que la clase media fue la más beneficiada de la política económica de Evo. Además, la ley económica del capitalismo prevaleció para aumentar la concentración de la riqueza y la propiedad de la clase burguesa. No podría ser diferente bajo el gobierno nacional-reformista de Evo. Este es el «legado» que los representantes del imperialismo y una fracción de la burguesía latinoamericana toman en cuenta para lamentar que Evo haya excedido sus ambiciones.

La crisis política, la renuncia del presidente y el colapso del gobierno del MAS han sacado a la luz la naturaleza caricaturesca de la democracia burguesa en Bolivia, una expresión de su enorme atraso económico y, por lo tanto, de la ausencia de una poderosa burguesía nacional. Las constantes crisis de gobernabilidad y los golpes de estado han marcado ampliamente al país. No es una excepción en América Latina, pero es notable por esta historia política, como fundamentó en su programa proletario el POR. Brasil, que es un país de capitalismo atrasado, pero infinitamente más avanzado que el vecino Bolivia, por ejemplo, no difiere en su esencia.

Evo intento demostrar que siendo presidente salido del vientre de los campesinos, se daría un salto en la democracia que tendría una base popular. Habría una reducción en el poder de las élites, distantes y reacias a las masas indígenas, que son la mayoría abrumadora. Logró eludir la resistencia de la oposición oligárquica instituyendo una nueva constitución que, en esencia, retuvo las prescripciones de las antiguas constituciones, basadas en la estructura económica capitalista y en el gobierno del poder burgués sobre la mayoría oprimida.

Es natural que el gobierno burgués en el Palacio Quemado organice la maquinaria del estado de acuerdo con su partido y sus aliados, en espera de futuras disputas electorales. Evo no innovó nada, al montar su Tribunal Constitucional y el Tribunal Electoral. Para esto, tenía el control de la Asamblea Legislativa Plurinacional. La máquina partidaria del MAS, y el apoyo obtenido entre las masas, dieron la impresión de que la derecha había sido barrida para siempre, y que no había más oposición, tal era su raquitismo. A este aparato se agregó la burocracia sindical de COB y los líderes de los cocaleros, etc. La estatización de las organizaciones campesinas y sindicales permitió un enorme control gubernamental de la lucha de clases. Se adoptaron formas burocráticas-gangsteris, sistemáticamente denunciadas por el POR.

El problema para la burguesía se produjo cuando Evo estaba perdiendo el apoyo popular y la oposición de derecha se estaba fortaleciendo. El agotamiento del ciclo económico, que apoyó al gobierno reformista nacional, rompió la alianza tácita con la oposición, que se llamaba la Media Luna, se contrajo tan pronto como la agitación sobre la Asamblea Constituyente y la aprobación de la nueva Constitución. El indigenismo reformista de Evo no representaba una amenaza para el capitalismo burgués y la dictadura de clase. Sin embargo, llegaría el momento en que la vieja derecha, lejos de la gobernabilidad, tendría que ceder en medio de grandes trastornos en el periodo que va del 2000 al 2005. Es por eso que la derrota de Evo en la consulta popular en 2016, lo que le permitiría postularse para un cuarto mandato, establecería el hito para la caída de su gobierno. La maniobra realizada en el Tribunal Constitucional para anular el resultado del referéndum, que él mismo había llamado, fue vergonzosa. Es típico de un caudillo bonapartista que no tiene un sucesor para tomar su lugar. En ese momento, la oposición no encontró condiciones sociales para provocar una conmoción política. Encontraría más tarde, a medida que empeoraran las contradicciones económicas, la clase media urbana comenzó a temer por el futuro, y los explotados vieron que las promesas de un mundo mejor no podían sostenerse. Evo se postuló para el cuarto mandato sin el enorme apoyo popular obtenido en elecciones pasadas.

El secundario el episodio del apagón que, durante veintidós horas, interrumpió la investigación. Las sospechas de fraude, confirmadas por los amigos de la OEA de Evo, fueron solo una gota que rebalsó el vaso. Ya al día siguiente, las protestas aumentaron, se extendieron por todo el país y se masificaron. Las bases de Evo seguían esperando lo que sucedería todo el tiempo, lo que explica las movilizaciones restringidas y localizadas de los masistas. El margen de maniobra del presidente se redujo. Evo admitió el veredicto de la OEA. Convocó a nuevas elecciones. Pero la oposición estaba con la iniciativa política, detrás de las manifestaciones. Frente a la estatua del Cristo Redentor en Santa Cruz de La Sierra, el incendiario Camacho exigió la renuncia de Evo. Las Fuerzas Armadas y la policía ya no respondieron al comando del gobierno. Los disturbios policiales mostraron que la crisis política estaba al borde. Evo fue arrinconado por las movilizaciones, la ofensiva política de las fuerzas de oposición, la pérdida del mando de los militares y la insubordinación de la policía. Solo la conjunción de estos factores explica la caída del gobierno, siendo las acciones de masas las principales.

A Evo le convenía decir que había sufrido un «golpe de estado civil-militar-policial» y que tenía que justificar la decisión objetiva de entregar el Palacio Quemado a Jeanine / Camacho / Mesa. Las masas, pidiendo la renuncia del presidente, no podían tener la menor idea de lo que sucedería si su bandera se materializara. Se movieron en el terreno de las ilusiones democráticas y de división interburguesa. La solución que la oposición daría a la caída de Evo no estaba a su alcance, a menos que una fracción poderosa estuviera bajo la dirección del POR, que expresó y expresa al interior del movimiento el programa, la estrategia y las tácticas revolucionarias.

Los acontecimientos mostraron que el restablecimiento inmediato de la gobernabilidad se llevaría a cabo a través de los métodos y objetivos de la oposición reaccionaria, que se apropió del sentimiento democrático del contingente que se lanzó a las calles contra el fraude electoral. Es imperativo distinguir este sentimiento y revuelta, que levantó la bandera de la renuncia, del ultimátum lanzado por la oposición, así como la «recomendación» hecha por el Comandante Williams Kaliman.

En el terreno del rechazo democrático a los bandidos de la camarilla del MAS, el POR no podría destacarse como dirección, ya que el movimiento se originó y quedó condicionado por la disputa electoral. Su intervención dentro del movimiento democrático se destacó en los cabildos, donde pudo obtener apoyo para la pancarta de «Ni Evo, Ni Mesa, ni el fascista Camacho». En estas condiciones, se expresó el programa de la revolución proletaria y la estrategia del gobierno obrero y campesino.

La tarea de la vanguardia con conciencia de clase fue la de demostrar fue la que la bandera de renuncia de Evo, sujeta a la convocatoria de nuevas elecciones, resultaría en la entrega de la gobernabilidad, en el mejor de los casos transitoriamente, a la derecha contrarrevolucionaria. Las masas opositoras, que sirvieron a los propósitos de la oposición de derecha, acabarían por abandonar el campo de lucha tan pronto como Evo renunciara. La interrupción del movimiento indicó que su enfrentamiento con Evo hasta el punto en que ya no justificaba la bandera de la renuncia, cuando ciertamente se iniciaba el gran problema democrático. Con el Palacio Quemado abierto y el Congreso vaciado, Jeanine Añes no tuvo dificultad en proclamarse presidenta interina. Esto es cuando las masas vinculadas a Evo comenzaron a ocupar las calles y carreteras, exigiendo el regreso del caudillo, exiliado en México.

La sangrienta represión en Sacaba, Cochabamba, evidenció el carácter dictatorial de los ocupantes del Palacio Quemado. La bandera “Añes asesina, fuera del Palacio”, de los masistas, va acompañada de la solicitud de renuncia y la exhortación a la vuelta en torno a Evo. El MAS busca recuperar el terreno forzando a la derecha gobernante establecer un acuerdo en torno al llamado a elecciones. Los bloqueos, como el de Sacaba, que resultó en el asesinato, y ahora en la Refinería en El Alto, con cinco muertos, indican que la renuncia de Evo y el autoproclamado gobierno de Añes profundizaron la crisis política.

Las Fuerzas Armadas justificaron la violencia estatal en la refinería de Senkata en El Alto como necesaria para contener «agitadores y vándalos enfurecidos» que usaban «explosivos de alto poder». Se ha notado que el MAS dando rienda suelta para que los grupos usen métodos que no se corresponden con los de la clase obrera, que distingue la violencia revolucionaria de las masas de la violencia individual, que expresa la desesperación pequeño burguesa, asi como bien la violencia reaccionaria del Estado. Al alentar los actos individuales típicos del terrorismo pequeñoburgués, el MAS favorece el resurgimiento de la violencia estatal contrarrevolucionaria, que finalmente recae en la mayoría oprimida. La historia de la lucha de clases trae muchas enseñanzas al respecto. El contenido de estas acciones está determinado por la necesidad de que el MAS llegue a un acuerdo con el gobierno opositor de extrema derecha y ultraderecha. La política del proletariado combate la violencia contrarrevolucionaria del estado en todas las circunstancias, rechaza los métodos pequeñoburgueses de terrorismo individual y lucha para que las masas encarnen la violencia revolucionaria que emana de la lucha de clases. Para derrotar la política del MAS, es necesario combatir a hierro y fuego contra el gobierno de la oposición derechista de Áñes, y a la violencia contrarrevolucionaria.

El imperialismo, utilizando la OEA, la ONU y la UEE, interviene para encontrar un punto de conciliación. La Iglesia Católica convocó a la Conferencia Episcopal Boliviana para mediar en negociaciones en nombre de la pacificación. Todo indica que los masistas organizados impulsan los bloqueos y las marchas, apuntando al calendario electoral. El POR ha denunciado las acciones que llevan a los campesinos a servir como «carne de cañón» para el objetivo de Evo y MAS de recuperar posiciones en el aparato estatal. Es trágico ver que militantes, activistas y participantes en la resistencia al gobierno de Jeanine caen fulminados por las armas de la policía y las fuerzas armadas, cuando la cumbre del MAS negocia una solución electoral y la formación de un nuevo gobierno burgués como instrumento de «pacificación». Después de que el MAS ha abandonado la Asamblea Plurinacional, se reorganiza para utilizar su mayoría parlamentaria para este propósito. La COB, a su vez, pide la suspensión de los enfrentamientos e insta a las instituciones a encontrar una salida negociada. Este cabo de fuerza viene siendo manejado por encima de la mayoría oprimida, que se ha dividido, debido a una disputa interburguesa, por la conservación (oficialistas) o el cambio (oposicionistas) en las relaciones de poder dentro del estado burgués.

Lo fundamental de las dos etapas es que continúa la crisis política. Cambió la correlación de fuerzas cambió luego de la renuncia de Evo en la disputa interburguesa. Las masas que salieron a las calles contra Evo disminuyeron, el movimiento levantado por el MAS se volvió ofensivo y las Fuerzas Armadas entraron en acción contra los bloqueos. La división permanece dentro de la mayoría oprimida. El mantenimiento de esta división corresponde a la necesidad de la vieja y la nueva derecha de encontrar una manera de enfriar la crisis. La «mediación» del imperialismo es en este sentido. La burguesía debe detener las fuerzas centrífugas que llevaron al colapso de la gobernabilidad. La mejor manera es enfriar la confrontación, desarmar la resistencia del MAS y canalizar a las masas para elegir un nuevo presidente. Sin embargo, los problemas reales de la economía del país y las masas siguen agravados. Las respuestas a ellas allanarán el camino para mejorar la lucha de clases. La defensa de la estrategia revolucionaria del POR, la lucha por un gobierno obrero y campesino, las respuestas a las necesidades de las nacionalidades indígenas explotadas y oprimidas, y la confrontación con la intervención del imperialismo continuará dando a la clase obrera y a los otros oprimidos un norte seguro para continuar la lucha contra la dominación burguesa.