Fantasmas resurrectos

 

 

 

(de Rocío Estremadoiro Rioja/socióloga, 10 de enero 2018)

 

 

Revisando unos documentos, me topé con la famosa imagen en la que el dictador Hugo Banzer aparece secundado por Víctor Paz Estenssoro del MNR y Mario Gutiérrez de la FSB, partidos que, siendo“enemigos históricos”, coincidieron en “aliarse” para apoyar la primera dictadura sudamericana amparada en la “Doctrina de Seguridad Nacional” de la década de 1970.


Por ello, era ilógico que militantes del MNR se rasgaran las vestiduras hablando contra los autoritarismos, dado que ese partido proporcionó algunos de los hombres más fieles al “banzerismo”, tal es el caso de Guillermo Fortún y de Alfredo Arce Carpio. Empero, en un país de memoria frágil y endeble, por supuesto que esta retórica pasó como coherente.

 

Algo similar ocurrió cuando se cruzaron los ríos de sangre y el MIR, partido cuyo embrión se gestó durante la efervescencia revolucionaria entre 1970 y 1971 y que acabó de nacer en el meollo de la represión y persecución militar, posibilitara que Banzer se convirtiera en el “dictador elegido”, como dice Martín Sivak.

Y, nuevamente en este país de memoria frágil y endeble, en pleno “proceso de cambio”, vemos cómo pululan en el actual Gobierno influyentes personajes implicados en los regímenes militares o que fueron partícipes del insulto a la justicia de la elección democrática de Banzer y todavía, de la manera más desvergonzada, ¡vituperando arengas contra el “pasado neoliberal” o las dictaduras!

 

No obstante, eso es lo de menos. Lo de fondo es la supervivencia del militarismo cual base ideológica del actual Gobierno. En ese sentido, se enterró el anhelo del servicio militar voluntario, una demanda presentada por varios sectores en la Asamblea Constituyente, pero que fue combatida por militantes del MAS (empezando por el propio Presidente) y, por tanto, no prosperó. A partir de ello, las caretas “progresistas” cayeron al punto de que hoy las FFAA es una de las instituciones que más privilegios ostenta, se aumentó el presupuesto para insumos militares y potenciamiento bélico y, entre otras, continúan las nefastas prácticas que enseñan a torturar al mejor estilo de las “enseñanzas” de la Escuela de las Américas, ¡y todo bajo la venia de algunas autoridades que, como buenos representantes del “cambio”, cada vez que abren la boca, no ocultan el profundo machismo, homofobia, xenofobia, autoritarismo y violencia que encierran las ideologías, imaginarios y simbolismos militares!

 

Lo peor es que aquella tendencia está impresa en las letras del nuevo Código Penal. Cabe aclarar que el Código que se pretende reemplazar era un mecanismo normativo draconiano y de tintes reaccionarios, ya que fue refrendado, justamente, en la dictadura banzerista. Entonces, uno diría que un nuevo Código saldaría la deuda que tenemos con la memoria, la historia y los adelantos humanos. Sin embargo y allende de que en el “renovado” proyecto legal hay apartados interesantes y avanzados, en cuanto a lo que respecta a las libertades y derechos básicos de los ciudadanos frente a la maquinaria del poder, ¡resulta que el nuevo Código no sólo replica lo más retrógrado del instrumento banzerista, sino que lo potencia, primando, básicamente, las lógicas punitivas y despóticas! Es decir que, otra vez, se quiere rifar la oportunidad histórica para realizar transformaciones reales. Una vez más se asoman, irremediablemente, los fantasmas resurrectos.