TEORÍA MARXISTA

 

Guillermo Lora: en Chile del 73, sólo el proletariado victorioso podía aplastar a la contrarrevolución y a la bestia fascista

 

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En Chile, el gobierno de la Unidad Popular fue una variante,con ligeras atenuantes, del Frente Popular, en cuyoseno el Partido Comunista jugó un importante rol, graciasa su aparato y a su organización. El presidente Allendeconcluyó convirtiéndose en la cabeza de puente del stalinismoen su propio partido, el Partido Socialista, un conglomerado amorfo de las tendencias más diversas y sin organicidad adecuada.

Como en todos los países donde no existe una verdadera dirección revolucionaria, la ultra-izquierda foquista, por tanto, revisionista del marxismo, cobra notoriedad y, a veces, actuó como el mejor auxiliar de la derecha; la crisis de dirección del proletariado, todavía engrillado en los partidos Comunistas y Socialistas, se expresó y expresa en toda su trágica agudeza en el hecho de que es la ultra- izquierda foquista la que pretende contener, actuado, simultáneamente, desde el exterior y desde el seno mismo del Partido Socialista y de otras organizaciones menores, por el Partido Comunista, que en Latinoamérica juega el papel de ojo visor de Moscú, encargado de evitar que sus hermanos menores sean arrastrados por la tentación de las posiciones revolucionarias.

El stalinismo mundial, en su empeño de poner a salvo el orden burgués, se empeña tercamente por reeditar la trágica experiencia chilena: el tan ansiado “compromiso histórico” con el Partido Socialista y la Democracia Cristiana italianos, en el Portugal agotan todos los recursos para contener a las masas y someter al proletariado a la burguesía.

Los que se abandonaron en brazos de la Unidad Popular no hicieron otra cosa que prestar su apoyo a un ensayo gubernamental que encarnó la quinta esencia del frente popular de la teoría stalinista, acerca de las posibilidades de transformación pacífica del capitalismo en socialismo clases. La pretendida revolución dentro del marco del ordenamiento jurídico y del Estado burgueses, concluyó como un vulgar reformismo, que dificultosamente se desplazó dentro de las limitaciones que “legalmente” le impuso el Poder Legislativo, controlado por la oposición formada por el Partido Demócrata Cristiano y el Partido Nacional y la Contraloría, habiendo abierto las compuertas al fascismo.

Sólo el proletariado victorioso y dueño del poder podía destruir los fundamentos económicos de la contra-revolución y eliminar del horizonte del país a la bestia fascista.

La Unidad Popular lució como un parche encajado a la fuerza en la democracia de corte burgués, con todas las miserias imaginables en un país latinoamericano y que por lograr su objetivo comenzó, a fi n de contar con los votos democristianos, por hacer concesiones fundamentales a la derecha, como la de mantener invariable la estructura constitucional, la naturaleza del ejército, producto de unasociedad de clases, la enseñanza y la prensa, vale decir, que voluntariamente ignoró un gobierno sin poder efectivo.

El gobierno Allende no tenía más que dos salidas: movilizar profundamente a las masas para barrer con la clase social poseedora del poderío económico y de resortes fundamentales de la sociedad, como son la prensa, la educación y el mismo ejército, lo que habría acelerado la quiebra de los partidos Comunista y Socialista y, al mismo tiempo el proceso de formación de un auténtico partido obrero revolucionario; o bien, sobrevivir, haciendo concesiones a la derecha y al ejército hasta la llegada de las elecciones presidenciales, en las que la Democracia Cristiana retomaría el control del aparato estatal o un golpe militar fascista. El Partido Comunista y Allende escogieron el segundo camino, sin importarles que su experiencia pasase a la historia como una vacuidad del tipo fascismo y no a la sociedad sin clases.

El fallido golpe militar del mes de julio de 1973 demostró que en ese momento el verdadero comando de la burguesía chilena era el PDC que consideraba que un cuartelazo frustrado sólo ayudaría a la causa de la UP, al obligar a los obreros, inclusive a los sectores que comenzaron a diferenciarse de sus direcciones políticas tradicionales, a concentrarse alrededor del gobierno, para defenderlo de la amenaza del fascismo. Trabajó, aferrándose, a la última posibilidad democrática de desplazar a la UP, afanosamente para ahondar la brecha ya abierta entre sectores laborales y el gobierno de Allende, a fi n de tener asegurada la victoria en una próxima elección presidencial o, en caso de un plebiscito, conforme determinaban las leyes en vigencia.

El ejército habló hasta el cansancio de sus fuertes tradiciones institucionalistas, de su deber de velar por la vigencia y respeto a la Constitución. De la misma manera que respaldó a la UP victoriosa en elecciones, lo hará y con mayor agrado, al PDC electoralmente triunfante. En cierto momento de la tensión de la lucha de clases, el PC presionó para incorporar a elementos militares representativosal gabinete, era una maniobra destinada a neutralizar el ataque belicoso de la derecha y también a hacerle una seria concesión: los militares, como expresión de las fuerzas armadas, representan los intereses generales de la burguesía, expresados a cabalidad en el ordenamiento jurídico, esto se demostró, además, porque la Democracia Cristiana vio con simpatía esas designaciones y declaró que los militares eran prenda de garantía y de respeto a los principios democráticos. Los militares frenaron los posibles avances de la Unidad Popular hacia la izquierda y no pudieron poner atajo a la conspiración que venía desde su fl anco derecho. Después del fallido golpe de cuartel. Allende nuevamente llamó a los militares, pero las exigencias de éstos resultaron inaceptables. El ejército buscó, a su vez, disolver a los grupos ultra-izquierdistas y desarmarlos, y en esto coincidió plenamente con el Partido Comunista.

La incapacidad del gobierno Allende para aplastar a la derecha y arrancarla de sus guaridas, le fue empujando, cada día en mayor medida, a abandonarse en manos del ejército y éste se levantó como el muro infranqueable opuesto al reformismo de Allende. La presencia del ejército obligó a la UP a arrinconar internamente a su izquierda (la ruptura del MAPU y la virtual exclusión del gobierno de su sector radical, operación dirigida por el stalinismo) y a hacer concesiones cada vez mayores a la derecha, allanando el camino para el golpe castrense, el stalinismo coadyuvó a los fascistas a desarmar ideológica y materialmente a la clase obrera.

Los planes de la burguesía y del ejército “institucionalista” se modificaron radicalmente cuando la huelga de los camioneros, de comerciantes y de sectores profesionales de la clase media agudizaron en forma extrema la situación económica y social, llevándola hasta el borde del abismo, cuando las masas se tornaron amenazantes para los intereses de la burguesía, cuando la jerarquía castrense consideró que la penetración de la izquierda en el seno del ejército se tornaba peligrosa. Todos estos factores, más la unidad lograda de todas las armas castrenses tras el objetivo golpista, determinaron que la rebelión armada sangrienta y cruel sustituyese a los métodos de la oposición democrática. El ejército, considerando que su clase corría serio riesgo, no tuvo el menor reparo en violentar la constitución y dar al traste con el Parlamento y otras antiguallas, cosa que desgraciadamente no supo hacer Allende en su debido tiempo. El golpe de Estado gorila y fascista del 11 de septiembre de 1973 ha aplastado sangrientamente a las masas chilenas e instaurado un régimen de fuerza, que ha liquidado todas las garantías democráticas y sindicales.

La resistencia heroica de los explotados viene a demostrar, desgraciadamente muy tarde, que las masas maduraban rápidamente para tomar el destino de Chile en sus manos. Asimilar la rica experiencia de las luchas de las masas, la creación de gérmenes de poder obrero y de canales de movilización, como fueron los cordones industriales, constituye un deber elemental. La política revolucionaria debe partir de la clara comprensión de que la carencia de una dirección revolucionaria obstaculizó que saliese a primer plano y se elevase la contradicción existente entre las tendencias instintivas del proletariado y de sus organizaciones de masas y la línea derechista de sus direcciones tradicionales.

En Chile, la severa crítica a la vía pacífi ca, a la naturaleza y limitaciones del gobierno de la UP, a los partidos Socialista y Comunista, debe servir para aglutinar a las capas más avanzadas de la clase obrera en un partido revolucionario, sin cuya existencia no podrá hablarse de revolución.

 

(Extraído de las Obras Completas, Guillermo Lora, tomo XXX, 1974)