Partido Obrero Revolucionario

Un breve balance del recorrido de la máxima creación del proletariado boliviano a los 67 años de su fundación


La Central Obrera Boliviana lleva el sello indeleble de las victorias y las derrotas de la clase obrera

 

Fue fundada ocho días después del triunfo de la revolución de abril de 1952, en medio de una profunda radicalización de las masas que acababan de expulsar al gobierno feudal burgués y destrozar al ejército que lo sustentaba. Adoptó la Tesis de Pulacayo como su programa y sus estatutos reconocen la hegemonía clasista del proletariado y al sector minero como su vanguardia.


Mientras los explotados estuvieron en las calles enarbolando su programa revolucionario y teniendo las armas en las manos de las milicias obrero campesinas, la COB fue un verdadero órgano de poder estableciendo una dualidad de poderes con el gobierno oficial encabezado por Víctor Paz Estenssoro. Podríamos decir que la Central de los trabajadores tenía en sus manos el poder real porque estaba asentado en la movilización de las masas y el MNR ostentaba el poder formal.


Esta situación excepcional no pudo prolongarse indefinidamente, una vez que las masas bajaron la guardia por el inicio de una depresión en el ascenso de masas que duró hasta 1971, el poder dual se resolvió en favor del poder formal, en favor del gobierno nacionalista de contenido burgués. 


Los trabajadores tuvieron que vivir la experiencia en carne propia para constatar que el gobierno del MNR no era el suyo porque ya en octubre de 1952 empieza a desvirtuar el contenido revolucionario de la nacionalización de minas pagando jugosas indemnizaciones a los barones del Estaño y, en agosto del 1953, promulga la reforma agraria también vaciando su contenido revolucionario en la línea de convertir al campesino en propietario minifundiario, muy lejos del espíritu de la Tesis de Pulacayo que planteó la expropiación de los latifundios como propiedad social y no como propiedad privada minifundiaria.


En todo este período de depresión en el ascenso de masas, la burocracia sindical va a desarrollar un franco papel colaboracionista con el gobierno al punto de que Lechín se va a convertir en vicepresidente del gobierno pequeño burgués. La franca derechización del gobierno del MNR debido a la agudización de la crisis económica que le obliga a promulgar el Plan EDER y, posteriormente, el llamado Plan Tringular descargando el peso de la crisis sobre los trabajadores (reducción de sueldos y salarios, la supresión de muchos artículos de consumo en la pulpería barata, etc.), acelera el proceso de separación de la clase obrera del régimen; el punto culminante de este proceso es la Tesis de Colquiri – San José en 1957. 


Los trabajadores al salir de la depresión arremeten contra el MNR ya francamente derechizado, entre 1956 y 1964, hecho que obliga al Pentágono norteamericano a recurrir a la célula militar del MNR encabezada por Barrientos y Ovando para ejecutar un golpe de Estado y parar en seco la arremetida del proletariado. La burocracia lechinista, a la cabeza de la COB, prisionera de la radicalización de las masas, vuelve a ocupar de dirección en la resistencia durante el gobierno gorila de Barrientos – Ovando y los siguientes, hasta que las masas radicalizadas en 1971 toman la ciudad de La Paz e instalan la Asamblea Popular. La COB -formalmente- preside la Asamblea pero el programa político la dictan las masas movilizadas en las calles.


Durante el largo período de la derrota por el golpe de Banzer, desde 1971 a la fecha, la COB, bajo la dirección del lechinismo, del estalinismo y de toda una camada de aventureros oportunistas recorre todos los vericuetos de la capitulación, desarrolla una suerte de colaboracionismo de clase con los gobiernos burgueses y retorna a las ilusiones democráticas durante los gobiernos de la UDP y del MAS; arría sus banderas revolucionarias plasmadas en la Tesis de Pulacayo.


En resumen, la COB recorre el camino que recorre la clase obrera durante sus victorias gloriosas y durante sus derrotas. Es pues una organización que recibe la poderosa presión de la lucha de clases. Ahora, frente a la ausencia política del proletariado que está extraviado sin lograr diferenciarse nítidamente del el régimen masista, está en manos de una burocracia ignorante, servil y corrompida.


Es tarea rescatarla como instrumento de lucha de los explotados y oprimidos de este país contra el gobierno vende-patria y antiobrero del MAS.