Partido Obrero Revolucionario

 

 

La corrupción está minando todos los niveles del estado burgués

 


La corrupción es la manifestación del agotamiento del sistema social capitalista. Para acabar con ella, no hay otro camino que la revolución social victoriosa.


No hay un día en que la prensa deje de publicar un nuevo escándalo. Caen como fichas de dominó ministros, parlamentarios, altos dignatarios del poder judicial, gobernadores, alcaldes y otros funcionarios de menor rango. Las estafas en la administración de los recursos públicos, las acusaciones por violencia laboral y familiar, el uso ilegal de los bienes del Estado, las implicaciones de altos dignatarios en el narcotráfico es cosa de todos los días; la gente ya no se inmuta frente a este tipo de escándalos donde los protagonistas son tanto oficialistas como opositores.


Los debates de fin de semana en Panamericana parece un torneo de ladrones y mafiosos, tan pronto un opositor de derecha lanza una acusación contra un oficialista éste inmediatamente le retruca con una lista de actos de corrupción de connotados líderes opositores en el pasado y el presente. La única diferencia es que unos caen a las cárceles y otros se quedan en la impunidad protegidos por el poder. 


En los últimos días, la importación de un carísimo auto deportivo de factura italiana ha quedado en la nebulosa; la aduana, hasta ahora, no revela quién es el político o el empresario de este miserable país que puede darse el lujo de los magnates de los centros monopólicos del imperialismo. Si los funcionarios encargados de controlar la importación de bienes callan es que está implicado en la importación del vehículo de lujo algún jerarca del oficialismo que antes de llegar al gobierno se tapaba sus partes íntimas con una hoja de parra.


La administración de los municipios, tanto en manos del oficialismo como de la oposición es una vergüenza, la única diferencia es que unos son ladrones de alto vuelo y otros miserables que pueden ensuciarse las manos con minucias como es el caso del alcalde leyes de Cochabamba que cae por un miserable negocio de las mochilas chinas, mientras que su contraparte, el “cholango” que ha robado mucho más y vive al amparo de Evo Morales se pasea orondo sin que nadie lo moleste. Los funcionarios masistas entran a las cárceles para calmar la bronca popular con la seguridad de que, muy pronto, recobrarán la libertad amparados por los jueces tanto o más corruptos que ellos. 


En fin, todo está podrido en este país y no se trata de un fenómeno aislado, es parte del sistema social capitalista que se está pudriendo en todo el planeta; para comprobar esta lamentable situación, basta una mirada panorámica por el mundo, por Brasil, Argentina o la Indochina, es lo mismo.


Los marxistas tenemos una explicación a este fenómeno de la corrupción; se trata del agotamiento del sistema social capitalista; como toda sociedad moribunda, así como ocurrió con la Roma esclavista que no pudo parir de su vientre una nueva sociedad por sus propias contradicciones internas, se hundió en la más abyecta corrupción y, toda una civilización, cayó en manos de los bárbaros. Ese mismo fenómeno está ocurriendo hoy con el capitalismo. Los dolores del parto de una nueva sociedad que suceda a la vieja y agotada se está prolongando demasiado porque está ausente el partero de la historia de nuestra época, el proletariado políticamente organizado. En Bolivia, Venezuela, Argentina, Brasil o en cualquier otro país el proletariado organizado en torno a su programa y su propio partido no ocupa su lugar de dirección del conjunto de la nación oprimida para precipitar el parto. Madre e hijo corren el peligro de parecer y terminar en la barbarie como ocurrió con la vieja Roma.


A diferencia de los moralistas hipócritas, los marxistas señalamos que no hay otro camino para acabar con este tormentoso trabajo de parto inconcluso que la revolución social. Sobre la marcha debemos forjar el programa y el partido revolucionario en todos los países y conformar una poderosa dirección internacional que dirija nuestros pasos en el continente y el mundo.