La creación del Ejército Rojo de los obreros y campesinos

 

 

Informe al V Congreso de los Soviets[1], 10/7/1918

 

 

Nuestros oponentes e incluso, en mayor medida nuestros enemigos -si bien debe decirse que en el curso de la revolución nuestros oponentes se están transformando en nuestros enemigos- nos reprochan que nos hayamos dado cuenta sólo gradualmente, sólo tardíamente, de la necesidad de crear un ejército, y un ejército construido según principios sólidos, planificados, científicos.


El programa de nuestro partido, como el de cualquier partido socialista obrero, no dice nada acerca de la destrucción y la supresión del ejército en el periodo actual de lucha, sino sólo acerca de reconstruirlo sobre nuevos principios democráticos, los principios del servicio de milicias y del armamento de todo el pueblo.


Hablaré luego acerca de la modificación experimentada por el principio del armamento universal en las condiciones revolucionarias de una época de guerra civil. Pero ahora, antes de abordar esa cuestión, tengo que preguntarles esto: ¿qué provocó la desaparición del viejo ejército, que era un ejército regular construido, al menos en lo que concierne a los medios y los recursos materiales e ideológicos permitidos por el viejo régimen, sobre la base de principios científicos?


La causa principal del colapso del ejército zarista no fue el anti-militarismo de la revolución, ni el hecho de que la revolución rechazara la defensa militar en cuanto tal, sino solamente la estructura de clase del viejo ejército mismo, el hecho de que, si bien estaba formado en su mayoría, por supuesto, por campesinos y obreros, poseía un aparato dominante que estaba construido, organizado y educado como para asegurar que este ejército automáticamente sirviera a la clase dominante de esa época, con la monarquía en su cúspide.
Esto es algo que, naturalmente, nunca olvidamos. Y esta es la razón por la cual la afirmación de algunos especialistas militares acerca de que el ejército fue arruinado por la política, y que un ejército puede sobrevivir, en tanto organismo saludable capaz de combatir, sólo si está situado por fuera de la política, nos parece a nosotros infundado y pueril.


No hace mucho tiempo, por ejemplo, uno de los más destacados de los viejos generales, Brusilov2, informaba a la prensa burguesa, en relación con las memorias de Kerensky, las cuales habían sido publicadas en formato de folleto, que la desintegración del viejo ejército fue un proceso provocado por la revolución, en cuanto tal, y que las fuerzas armadas podían ser reconstruidas sólo a condición de que el ejército fuera aislado de la política. Por “política” lo que se quiere decir en esta declaración, por supuesto, son los intereses de las masas obreras y campesinas, ya que nunca ha habido en la historia, y no hay en ninguna parte hoy en día, ningún ejército situado “por fuera de la política”.


“La guerra”, dijo el famoso teórico alemán de la guerra, Clausewitz, “es la continuación de la política, sólo que por otros medios”; esto es, el ejército de un país en particular está subordinado a la política de ese país.


De aquí queda claro que el ejército del zarismo no era más que una fuerza armada adaptada al servicio de los intereses del zarismo y que llevaba adelante precisamente la política del zarismo. Como prueba fehaciente de esto no voy a recordar su estatus externo y el juramento de fidelidad al zar, el denominado himno nacional, que era el himno del zarismo, o los días y los desfiles conmemorativos; todo lo cual creaba alrededor del ejército una atmósfera cargada de política zarista. Me referiré nada más al personal de mando, que estaba hecho para servir como un aparato para sojuzgar a las masas obreras y campesinas, sometiéndolas a los requerimientos de los círculos más altos dominantes en el país.


Y si el viejo ejército se desintegró, eso sucedió no a causa de alguna consigna perniciosa, sino a causa de lo que la revolución misma provocó, es decir, la furia de parte de las masas obreras y campesinas contra las clases propietarias que previamente habían tenido el mando.
El viejo ejército no hizo más que compartir el destino de la vieja Rusia en general. Si la revuelta de los campesinos contra los terratenientes, de los obreros contra los capitalistas, de todo el pueblo contra el viejo reinado de la burocracia y contra el zar mismo significó el estallido de la vieja Rusia, entonces el estallido del ejército estuvo predeterminado precisamente por esto. Fue inherente a la mecánica interna de la revolución, a la dinámica de sus fuerzas de clase.


Y cuando ahora nos lanzan la acusación de que la revolución de octubre infligió una herida incurable al ejército y lo desintegró, yo recuerdo muy bien, camaradas, porque yo estaba viviendo en Petrogrado en esa época, yo recuerdo como tantos de ustedes lo harán, también, cómo, durante septiembre y octubre, hasta el momento de la revolución de octubre, los delegados nos venían a ver al soviet de Petrogrado, desde los regimientos, las divisiones, los batallones y los ejércitos enteros, diciendo: “Algo terrible está sucediendo en las trincheras. El ejército no se mantendrá más en las trincheras a menos que se den pasos decisivos hacia la paz.”


En ese periodo se hacían circular proclamas en las trincheras que los soldados mismos habían redactado, proclamas en las cuales escribían que nosotros, esto es, los soldados, estaremos aquí hasta la llegada de las primeras nevadas, pero después de eso abandonaremos las trincheras y nos iremos de aquí.


Y si este ejército exhausto e internamente derrotado; derrotado sobre todo, ya bajo el zarismo, por los terribles golpes recibidos desde afuera, propinados por el ejército alemán, y después por la bajeza y la deshonestidad del régimen zarista, y finalmente, por el engaño perpetrado por los conciliadores y la burguesía después del período de febrero, cuando enviaron al ejército a la ofensiva del 18 de junio3; si este ejército triplemente derrotado no obstante, durante todo noviembre, diciembre y enero, a pesar del terrible reflujo en las trincheras, continuó manteniendo sus posiciones, fue nada más que por la presión ideológica de la revolución de octubre.


Pero no había ninguna fuerza capaz de mantener a este ejército vivo, en cuanto tal, ya que había sido destruido internamente: tuvo que ser atomizado, dispersado; cada soldado, sea obrero o campesino, tuvo que ser desmovilizado, volver a su propio puesto de trabajo en la colmena, su propia celdilla económica, de modo tal que éste después, renacido, pudiera proceder entonces a enrolarse en el nuevo ejército, construido de acuerdo con los intereses y las tareas de las nuevas clases que habían llegado al poder, los obreros y los campesinos que no explotan el trabajo de otros.


“Pero ustedes trataron de construir al ejército sobre el principio voluntario”; así reza la siguiente objeción.


No conozco a nadie entre nosotros que haya afirmado jamás que el principio voluntario es un principio saludable para organizar un ejército verdaderamente popular, democrático. El principio del servicio voluntario fue adoptado por Gran Bretaña, una potencia predadora cuya principal preocupación en la cuestión de las fuerzas armadas era la organización de la armada; y una armada no requiere un gran número de hombres. El principio del servicio voluntario también fue adoptado por Estados Unidos que, hasta hace poco, no perseguía una política imperialista de conquista fuera de América, porque el territorio americano mismo brindaba un campo de acción considerable para la burguesía del nuevo mundo.


Aparte de Gran Bretaña y Estados Unidos, en absolutamente todos los países democrático-burgueses se aplicó invariablemente el principio del servicio militar universal obligatorio, estando dictado, aquí también, por las condiciones generales prevalecientes, el régimen de la vida política, y así sucesivamente. 
Ni el partido de los obreros y los campesinos ni el poder soviético basado en estas clases, podían, de todas maneras, hacer depender la cuestión de la defensa del país de la afluencia de voluntarios. Recurrieron a la aplicación temporal del principio voluntario sólo en razón de que estaban atravesando un momento agudo, crucial, de la revolución, cuando el viejo ejército había estallado y se había dispersado, y junto con él, el viejo aparato de la administración militar, tanto en el centro como en las localidades.


Para construir el nuevo ejército de acuerdo con las leyes dictadas por los intereses de la clase obrera era necesario, primero, que el viejo ejército hubiera sido finalmente dispersado, con los soldados retornando a sus células de trabajo y de clase, transformándose en la materia prima a partir de la cual sería más tarde posible construir un nuevo ejército socialista; y en segundo lugar, que un aparato de administración militar se hubiera formado previamente, en el centro y las localidades, un aparato que fuera competente para registrar todo el material humano disponible y convocarlo, de forma planificada, a cumplir con el más importante de todos los deberes cívicos; el deber de defender el régimen y la patria soviética de los obreros y los campesinos.


Esa, camaradas, fue la razón por la cual, en un momento en el cual todavía no habíamos logrado crear órganos para registrar, convocar a servicio y entrenar a los nuevos cuadros, pero, al mismo tiempo, cuando no era posible suponer que nuestros enemigos, internos y externos, se habían ido a dormir, sólo podíamos apelar al pueblo, diciendo: “Ustedes, obreros, y ustedes, campesinos, que ven la difícil situación en la que está el poder soviético, nuestro poder, nos responderán, y aquellos de ustedes, desde las filas del viejo ejército, desde las fábricas y desde las aldeas, que quieren salvar a la patria socialista, de inmediato tomarán su puesto bajo la insignia del Ejército Rojo, como voluntarios.”


Este no era un principio por el cual nosotros abogábamos y que promoviéramos. Era una medida de compromiso necesaria para un momento particular, porque no había ninguna otra solución disponible. Pero si ustedes toman todas nuestras declaraciones de principio desde la revolución de octubre, todos nuestros discursos programáticos, entonces ustedes podrán establecer que considerábamos al principio voluntario precisamente como una medida temporal, como un paliativo, como una medida que era contraria, en principio, a la tarea de construir un ejército de obreros y campesinos real.


Esa fue la razón por la cual nos propusimos la tarea, antes que nada, de crear un órgano de administración militar en las localidades, un órgano para el registro, el enrolamiento, la formación y el entrenamiento. Los comisariados militares locales han dejado de ser departamentos de los soviets locales, y están subordinados jerárquicamente uno al otro, incluyendo al Comisariado de Asuntos Militares del Pueblo.


Esto, camaradas, es una reforma administrativo-militar central: sin una implementación precisa y concienzuda de esta medida en las localidades no podemos llevar adelante ninguna movilización seria, inclusive cuando las condiciones para ésta mejoren; y mejorarán cuando llegue el momento de recolectar la nueva cosecha.


La creación del nuevo ejército está afectada por la situación general del país, su situación económica, la presencia de reservas de alimentos, de transporte, y así sucesivamente. Todas estas dificultades, sobre las cuales han hablado todos los Comisarios del Pueblo en particular y los delegados de las localidades, el desordenado estado de cosas y otros fenómenos, todo esto se refleja en la actividad del Departamento de Guerra y obstruye el trabajo de crear el ejército. No digo esto para fortalecer el escepticismo de nadie: por el contrario, yo estoy lleno de la misma fe que indudablemente vive en cada uno de ustedes, fe de que vamos a superar todas las dificultades y todos los peligros, que los vamos a poder manejar, cada uno de nosotros, y que crearemos circunstancias favorables para consolidar la República Soviética.


Lo que necesitamos hacer ahora, sobre todo y antes que cualquier otra cosa, es crear un aparato de administración militar en los uyezds4, volosts5, las provincias y los distritos. No tengo nada que decir sobre los comisariados de los volosts.
Estos han sido establecidos nada más que en una minoría insignificante de volosts. Pero los comisariados de los uyezds no existen en todas partes, tampoco, y aquellos que sí existen no están del todo organizados, no tienen todas sus secretarías, y no siempre cuentan con los efectivos que les asignamos, esto es, no tienen especialistas. Incluso los comisariados de provincia están rengos de un pie, y a veces de los dos, y carecen de un número suficiente de obreros competentes, de comisarios fuertes y con autoridad. Y sin todo eso, camaradas, no podemos, por supuesto, crear ningún ejército en absoluto.


Todavía más, es necesario que cada comisariado tenga bien en mente su dependencia jerárquica del comisariado que se encuentra en el escalafón superior: la dependencia del comisariado del volost de aquél del uyezd, del comisariado del uyezd del de la provincia, del comisariado de provincia del del distrito, de éste último del centro, de Moscú. Este es un mecanismo simple, pero tiene que ser dominado muy bien, y esto no siempre se hace. El centralismo soviético está, en general, todavía en un estado rudimentario, pero sin él no lograremos nada, sea en la esfera de provisión de alimentos o en cualquier otra esfera, y especialmente nada en el ámbito militar.


Por su propia esencia, un ejército es un aparato estrictamente centralizado, estrechamente ligado por hilos con su centro. Sin centralismo, no hay ejército.


En relación con esto ustedes han escuchado una declaración realizada aquí de que no tenemos necesidad en absoluto de un ejército construido sobre principios científicos, sino que necesitamos escuadrones guerrilleros. Pero esto es como si nos dijeran: “El gobierno de los obreros y los campesinos no necesita ferrocarriles; usaremos transporte con tracción animal.
Despojémonos de los arados a vapor, donde existen, y volvamos al arado de madera de Andreyevna6. En general, volvamos al régimen de los siglos dieciséis y diecisiete.” Ya que volver atrás a las unidades guerrilleras significa un salto atrás de siglos enteros.


Sí, de hecho, cuando estábamos trabajando en la clandestinidad formamos unidades guerrilleras, pero tratábamos de incorporarles el máximo de centralización y de unidad de acción.
No obstante, no tomamos el poder para continuar rengueando hacia nuestra meta con métodos amateurs. Habiendo tomado el control del conjunto del aparato estatal centralizado, queremos reconstruirlo sobre nuevos principios, transformarlo en un aparato de las masas que ayer estaban oprimidas y humilladas. De lo que se trata es de un experimento histórico muy grande que ustedes tienen que llevar adelante, el experimento de construir un estado y una economía de los obreros y los campesinos y crear un ejército obrero y campesino centralizado.


Para este propósito necesitamos, antes que nada, implementar el centralismo soviético más estricto. Lamentablemente, encontramos oposición aquí y allá en las localidades, y, me temo, la encontramos incluso en algunos camaradas que están presentes aquí. Psicológicamente, esta oposición puede ser comprendida: fue engendrada por el dominio del viejo centralismo burocrático, que asfixiaba toda iniciativa libre, toda individualidad. Y ahora, cuando hemos derrocado este viejo aparato burocrático, nos parece que cada uno de nosotros puede actuar muy independientemente, que puede hacer y hará todo por sí mismo. Nos hemos acostumbrado a considerar al centro un obstáculo y una amenaza. Requerimos del centro, camaradas, cuando necesitamos dinero o carros blindados, y todos los volosts tienen ahora un gran apetito por los carros blindados, y no hay ningún volost que no pida al menos una docena de ellos.


Pero el centro puede darles sólo lo que se necesita, y cuando se lo necesita, y además, sólo si ustedes son capaces de manejarlo. Debemos poner fin al procedimiento mediante el cual envían delegados desde los uyezds a Moscú casi para cada gualdrapa7 que quieren, suponiendo que ésta será la forma más rápida de conseguirla. Pero este proceder da lugar a las mayores dislocaciones y dificultades. Necesitamos asegurarnos, por ejemplo, que en el ámbito de la administración militar, los soviets a nivel provincial le enseñen a sus comisarios a vigilar de cerca a los soviets de uyezd, para controlar que todos los presupuestos y las listas se envíen a través de la oficina de distrito. Sólo de esta manera vamos a formar un aparato militar que nos ayudará a crear un ejército.


Este aparato militar, por supuesto, no es más que un esqueleto administrativo. Para crear un ejército necesitamos, por medio de este aparato, incorporar el elemento humano, viviente, creativo, el elemento conciente, ya que es esto lo que distingue a nuestro ejército del viejo. Y sabemos que el ejército zarista era, centralmente, un ejército campesino, pero los campesinos eran inconcientes e ignorantes: sin razonar por qué, iban allí donde los enviaran. La disciplina pasaba por la conciencia individual de cada soldado por separado. 


La gente se queja a menudo ahora, en nuestro país, y nosotros también nos quejamos, de que no hay nada de disciplina. No queremos la vieja disciplina, esa disciplina por la cual cada campesino y trabajador ignorante era acarreado hasta su regimiento, su compañía y su pelotón, y emprendían la marcha sin preguntar por qué lo estaban llevando allí, por qué lo estaban haciendo derramar sangre. La revolución despertó la personalidad humana en los campesinos ignorantes y en el obrero oprimido, y éste es el logro principal y más grandioso de la revolución.


La revolución le dio la tierra a los campesinos, la revolución le dio el poder a los obreros y los campesinos: estos fueron logros grandiosos, pero ningún logro de la revolución es más importante que el despertar de la personalidad humana en cada individuo oprimido y humillado.


Este proceso de despertar de la personalidad individual asume una forma caótica, en los primeros estadios. Mientras que ayer todavía el campesino no se pensaba a sí mismo como una persona, y estaba dispuesto, a la primer orden del gobierno, a salir ciegamente a derramar su sangre, ahora no está dispuesto a subordinarse ciegamente. El pregunta: ¿dónde me están diciendo que vaya, y por qué? Y declara: ¡no voy, no quiero someterme! Dice esto porque la conciencia de su dignidad humana, su personalidad, ha despertado en él por primera vez, y esta conciencia, que es todavía demasiado tosca, que no está suficientemente digerida, toma formas anárquicas cuando se expresa en los hechos.


Tenemos que alcanzar la situación en la que cada campesino y cada obrero sea conciente de sí mismo como personalidad humana con un derecho a respetar, pero también sienta que es parte de la clase obrera de la Rusia republicana y esté preparado para entregar su vida incondicionalmente por esta Rusia republicana soviética.


Mientras que, anteriormente, el hombre trabajador no se valoraba a sí mismo, ahora, por el contrario, no valora al conjunto. Es necesario recordar el todo, recordar los intereses del conjunto de la clase del pueblo trabajador, de nuestra patria socialista obrera de los trabajadores.


Este es el cemento psicológico por medio del cual podemos crear un nuevo ejército, un ejército soviético conciente, real, cohesionado por una disciplina que pasa por el cerebro de los soldados, y no sólo la disciplina del látigo. Esta es la disciplina que defendemos, y no queremos saber nada de otra.


Pero para este propósito, repito, necesitamos tener un aparato centralizado.
Mencioné al comenzar que el principio de la democracia es el principio de la movilización general, y en razón de que no lo hemos implementado estamos recibiendo muchos ataques de los periódicos burgueses y los políticos burgueses. Ellos exigen que implementemos el servicio militar universal.


El servicio militar universal es el régimen que se necesita para un período de construcción democrática pacífica. Pero estamos viviendo en condiciones de guerra civil abierta de clase contra clase. Este es el hecho básico del que partimos. No vamos a decir si este hecho es bueno o malo. La guerra civil no es un principio sino un hecho, preparado por siglos de desarrollo histórico, siglos de opresión del pueblo trabajador, que se ha rebelado contra esta opresión. No podemos más que reconocer este hecho.
La guerra civil desgarra implacablemente el tejido, la envoltura de la nación. En cualquier momento las clases propietarias están dispuestas a darle su mano a cualquier agresor extranjero, para aplastar a los obreros y los campesinos de su propio país. Esto es también un hecho, que ha hallado confirmación en los acontecimientos de Ucrania, en el Don, en la costa de Murmansk, y en las riberas del Volga8. En todas partes, las clases burguesas contemplan con mucho más odio el poder de los obreros y campesinos que el poder de los imperialistas anglo-franceses y alemanes, o el de los mercenarios checoslovacos de la bolsa de valores francesa.


Como la guerra civil existe entre nosotros, no estamos naturalmente interesados en armar a nuestros enemigos de clase, que son al mismo tiempo los aliados de nuestros enemigos externos.
No queremos armar a una burguesía que está dispuesta a poner cada arma que se le dé al servicio del imperialismo extranjero.
Rechazamos la Asamblea Constituyente9 porque esta envoltura democrática no es más que una forma vacía cuando una clase se está enfrentando a otra clase, y la cuestión del poder exige un arma. Y el servicio militar universal es en este momento, en estas condiciones, una envoltura vacía semejante.


La obligación del servicio militar universal hallaría su expresión para la burguesía, en realidad, en la obligación de correr a los brazos de Krasnov10, hacia los Urales, hacia los checoslovacos, para unirse a todos nuestros enemigos y atacarnos, mientras que la obligación que recae sobre nosotros se expresa en destruir a la burguesía y a nuestros enemigos externos e internos.


Es eso lo que determina el principio sobre el cual construimos nuestro ejército. Incluimos a obreros y campesinos en nuestro ejército: es un reflejo del sistema de los soviets en su conjunto, un reflejo del Congreso Panruso de los Soviets. Podemos entender por qué los agentes burgueses -los eseristas y los mencheviques- atacan ferozmente nuestro método de construir el ejército. Por supuesto nuestro ejército es motivo de odio para ellos, ya que es un arma del sistema soviético. Repitiendo la frase del teórico alemán que ya he citado, sobre que la guerra y el ejército son un reflejo de la política en general, podemos decir que con la política soviética, obrera y campesina se necesita tener un Ejército Rojo soviético obrero y campesino.


Pero se está llevando adelante una campaña de agitación entre los obreros y campesinos, diciendo que el poder soviético está descargando el peso del servicio militar sobre sus hombros, mientras que exime a la burguesía y los terratenientes de esta carga. A este argumento ustedes, camaradas, deberían responder: “En la época en la que vivimos, un rifle no es una carga sino un privilegio, un monopolio de la clase dominante.”


Por falta de tiempo y también por falta de un aparato militar completamente formado, no hemos logrado todavía incorporar a la burguesía al trabajo de cargar con esos pesos de los cuales las clases burguesas no deberían estar eximidas, por supuesto. Se están preparando una serie de decretos en el Consejo de Comisarios del Pueblo, y espero que serán instrumentados en los próximos días, que incorporarán a la burguesía a la tarea de soportar esas cargas. Se harán reclutamientos para tareas en la retaguardia, se formarán equipos de labranza y tareas auxiliares reclutando entre la burguesía11.


Nos dicen que esto es cruel. A esto respondemos: si los jóvenes burgueses demuestran en la práctica que están dedicados a la clase obrera y campesina y están dispuestos a vivir con nosotros, a comer del mismo plato fraternal, listos para luchar contra nuestros enemigos internos y externos, entonces, por supuesto, abriremos las puertas del Ejército Rojo de par en par a estos jóvenes. Pero aquellos a quienes la revolución no ha disuadido de la idea de restaurar el poder de los terratenientes y la burguesía necesitan una corrección exhaustiva. Nosotros debemos decir: “Nuestros ancestros, nuestros abuelos y nuestros padres, los sirvieron a ustedes, limpiando la suciedad y la mugre, y nosotros les haremos hacer lo mismo a ustedes.” Hasta que ustedes reconozcan que la Rusia soviética es un país de igualdad en el trabajo, del deber de trabajar, para propósitos civiles y militares; hasta entonces los someteremos a ustedes a un severo adoctrinamiento.


Pero, una vez más, para la resolución práctica de esta cuestión necesitamos crear comisariados militares en las localidades; registro universal y control, tanto de la clase obrera para enrolamiento en el ejército como de la burguesía para enrolamiento en equipos de trabajo en la retaguardia. La cuestión del entrenamiento militar universal está siendo resuelta por nosotros, como ya he dicho, sobre la base del principio general del régimen soviético. Estamos emprendiendo (y ya hemos emprendido) el entrenamiento militar de todos los obreros y de todos los campesinos que no explotan el trabajo de otros. Pero estos enormes números de cuadros que deben pasar por la escuela de entrenamiento no son todavía un ejército, sino sólo reservas sustanciales, que pueden ser convocadas en un momento de crisis. No obstante, necesitamos tener, aquí y ahora, el núcleo fundamental de un ejército que será capaz de librar batalla en cualquier momento. A este cuadro, apto para combatir, lo hemos formado hasta ahora mediante el trabajo voluntario, pero ahora tuvimos que rechazar este principio y, en la práctica, pasar al método de la movilización militar obligatoria.


Por el momento hemos llevado adelante sólo un experimento práctico completo.
Aquí en Moscú hemos movilizado a dos grupos de edad: los nacidos en 1896 y en 1897. Como siempre, había rumores en todas las ratoneras burguesas de que nuestro experimento no llegaría a nada, de que ni un solo trabajador se presentaría. Ustedes saben, camaradas, que no hemos echado mano a ninguna medida de coerción, ya que no hubo necesidad de ella: los obreros se presentaron todos por sí mismos, como un solo hombre, y seleccionamos, de la cantidad que se presentó, los miles que necesitábamos, y con ellos formaremos regimientos de combate muy buenos.


El Consejo de Comisarios del Pueblo ha instruido a la Comuna de Petrogrado para que lleve adelante una movilización similar de aquellos dos grupos de edad, 1896 y 1897. Además, vamos a movilizar a los tres grupos de edad de obreros que pertenecen a las ramas de artillería e ingeniería. 


Quienes conocen al proletariado de Petrogrado no tendrán ninguna duda de que la movilización se realizará de modo impecable allí. Mediante un decreto general, que no establece ningún plazo para su implementación, se ha proclamado la movilización en cincuenta uyezds de la región del Volga, los Urales, Siberia, el Don y el Kubán, pero en esas partes del país los prerrequisitos administrativos y militares para la implementación práctica de la movilización no existen todavía.


Todos estos experimentos parciales nuestros son nada más que pasos preparatorios hacia la promulgación de una ley dictando que cada ciudadano de la República Soviética entre 18 y 40 años de edad debe presentarse al servicio militar en cualquier momento cuando sea convocado por el poder soviético para defenderlo.


Le solicitaremos al Congreso que nos otorgue, en interés de la República Soviética, el derecho a movilizar a dos, tres o más grupos de edad, dependiendo de las condiciones con las que nos enfrentemos. Cuando ustedes nos hayan garantizado este derecho, ustedes, camaradas delegados ante el Congreso, después de retornar a las localidades, le explicarán a cada reunión de obreros y campesinos que, para defendernos contra nuestros enemigos, para no caer bajo la opresión de los imperialistas, necesitamos tener una fuerza armada. 


Y aquí aprovechamos la ocasión para decirles a los camaradas eseristas de izquierda que no nos han abandonado, y espero, no nos abandonarán, sino que serán leales al poder soviético, a aquellos que, como ellos mismos dicen, sienten con particular agudeza la opresión del imperialismo alemán en Ucrania (en verdad, ellos no sienten la presión de los otros imperialismos de la misma forma), a aquellos que dicen: «No queremos ser esclavos»; les decimos: «Nosotros tampoco queremos ser esclavos, queremos ser ciudadanos libres de la Rusia Soviética: por lo tanto, camaradas, no se alteren, no sucumban a los histéricos, sino que, en las localidades, construyan compañías, batallones y regimientos del ejército obrero y campesino”.


Camaradas, mientras que la guerra y el ejército son una continuación de la política, la política, por su parte, es un reflejo de la fortaleza del ejército.


El problema más difícil para crear el Ejército Rojo es el problema del personal de mando. La crisis del viejo ejército causó la ruptura entre las masas obreras y la clase dominante, y esto abrió una brecha entre las masas de los soldados y los oficiales. Eso fue inevitable.


Ni la clase obrera ni las masas campesinas poseen aún el hábito de gobernar, carecen del conocimiento necesario en todas las esferas de la administración económica, del estado y militar. Este es un hecho indiscutible, frente al cual no podemos cerrar los ojos. Tenemos extraordinariamente pocos ingenieros, médicos, generales y oficiales que apoyen incondicionalmente a los obreros y los campesinos. Todos los especialistas burgueses fueron formados en instituciones educativas y en una atmósfera tal que se formó en ellos la convicción de que las masas obreras son incapaces de hacerse cargo del aparato del poder estatal, que sólo la clase burguesa educada puede gobernar. Cuando el poder pasó a nosotros, ellos estaban mayormente en el campo de nuestros enemigos. Sólo unos pocos permanecieron cautelosamente neutrales, esperando agazapados a ver quién ganaría, de modo tal de ofrecerles sus servicios al vencedor.


Pero de esto, camaradas, uno no puede sacar la conclusión que sacan las personas ingenuas y superficiales, a saber, que deberíamos rechazar los servicios del viejo personal de mando e intentar arreglarnos con nuestros propios recursos. Si hiciéramos esto tendríamos que recurrir a métodos guerrilleros, al amateurismo militar.


El poder de la clase obrera y de los campesinos no comienza con echar a la burguesía y a los terratenientes, a garrotazos, del aparato del poder estatal; comienza con tomar el aparato en nuestras propias manos y hacer que cumpla las tareas de nuestra propia clase.

 
A los cañones, las ametralladoras, los vehículos blindados, a los ingenieros, generales, especialistas zaristas de todas las filas y ramas los registramos y les decimos: «¡Bien, caballeros, hasta aquí todo esto pertenecía a las clases propietarias, y ustedes servían a ellas, pero ahora tengan la amabilidad de servir a la clase obrera!»


En ese momento se nos preguntaba: «¿Y si nos traicionan?» Por supuesto, habrá casos de traición. ¿No estuvieron implicados todos los peces gordos de los ferrocarriles, todo tipo de directores, en el sabotaje y han llamado a la huelga? ¿No ha habido muchos casos vergonzosos en los que retrasaron el movimiento de los hombres de nuestro Ejército Rojo? ¡Hubo muchos de esos casos! ¿Qué conclusión surge de acá? Ciertamente no que debemos seguir sin ferrocarriles, sino más bien que debemos atrapar a los saboteadores y aplastarlos sin misericordia, mientras apoyamos a los honestos ingenieros y ejecutivos del ferrocarril.
Sucede lo mismo cuando se trata del personal de mando.


Entre nosotros uno escucha decir en las localidades: «Están invitando a los viejos generales a regresar». Y muchos agregan: «Están restaurando el viejo régimen». Pero cuando la situación se pone seria nos mandan un telegrama: «¡Enviénnos especialistas con experiencia, líderes militares!» Y entre los líderes militares, los especialistas militares, hay, afirmo, toda una categoría de hombres que están prestándole un servicio concienzudo al régimen soviético, porque ven que este régimen es firme y fuerte y es capaz de hacerse obedecer. No tomarlos a nuestro servicio sería un infantilismo lamentable. Por el contrario, todos los especialistas militares que llevan adelante concienzudamente nuestras instrucciones deben recibir el más vigoroso apoyo en las localidades. Los soviets locales y el pueblo soviético deben eliminar el prejuicio y la desconfianza que las masas sentían hacia esos hombres, y planteárselo así: «Ustedes, obreros y campesinos, tienen ahora en sus manos el poder del gobierno, forman parte de él: eso significa que los oficiales y los generales están ahora a su servicio».


«Pero entonces», dicen, «¿qué pasa si no podemos mantener un control estrecho sobre ellos?


«¡Camaradas! Si no podemos controlarlos de cerca, cuando tenemos todo el poder bajo nuestro control, entonces no valemos ni un centavo!»


Es posible que, junto con los especialistas militares honestos, una docena o dos que quieren usar sus posiciones para complots contrarrevolucionarios, se metan entre nosotros. Ya ha habido un caso así: ocurrió en la flota del Báltico, y ya saben cuál fue el final12.


No queremos un ejército amateur, construido sobre el principio de “hágalo usted mismo”, sino un ejército real, centralizado, construido de acuerdo a los principios de la ciencia y la técnica militar. Para que eso sea así, el ejército necesita tener los cuadros adecuados de especialistas militares.


Como todavía no hay nuevos especialistas militares surgidos de la clase obrera, estamos alistando a los viejos.


Entre los oficiales regulares cuya conciencia y experiencia fueron formadas sólo durante la guerra y la revolución, hay muchos para los que su experiencia en los hechos no ha sido en vano. Han comprendido el profundo proceso orgánico que la revolución ha estimulado, han comprendido que el pueblo y el ejército emergerán de la revolución distintos de lo que eran, que el ejército debe ser construido por otros medios y otras vías. Entre esos jóvenes oficiales no son pocos los que nos entienden y marchan con nosotros.


Al mismo tiempo hemos hecho todo lo posible para crear un nuevo cuerpo de oficiales propio, entre los obreros y los campesinos que han pasado por la escuela de la guerra y que tienen vocación militar. Los estamos haciendo pasar por cursos de instructores. Debemos aumentar el número de esos cursos mes a mes y cubrir todo el país con ellos. Como ya he informado, nuestros oficiales soviéticos de mañana, los estudiantes que asisten a los cursos de instructores, tomaron parte en la supresión de la revuelta en Moscú. Son los soldados más dedicados, los más firmes del poder soviético. Nombrados para comandar pequeñas unidades, pelotones y compañías militares, serán un baluarte del régimen soviético, un baluarte contra el cual se romperá en pedazos cualquier intriga en las filas del Ejército Rojo.


Al mismo tiempo hemos abierto las puertas de la Academia del Alto Mando, ahora llamada Academia Militar, a personas sin calificaciones. Anteriormente, el acceso a la academia estaba limitado a los especialistas militares que poseían ciertas calificaciones educativas. Hemos dicho: cualquier soldado que haya tenido una cierta experiencia de mando, que tenga una mente rápida y una cierta imaginación, la capacidad de combinar las tareas de un comandante militar, puede ser admitido a la Academia Militar.
Dentro de dos o tres meses deberemos determinar si es bueno para el trabajo. Si no, será transferido a cursos preparatorios, y más tarde será enviado nuevamente a la Academia Militar. Hemos enviado alrededor de 150 nuevos alumnos allí, soldados dedicados al poder soviético, y de nuestra Academia saldrá la primera graduación de esos oficiales comandantes durante los próximos diez o doce meses.


Mientras creamos un nuevo aparato de comandantes surgidos de las clases que ahora están en el poder, debemos usar todos los elementos sanos del viejo aparato de comando, dándoles a sus miembros amplias oportunidades de trabajo.


Hablando de las dificultades que encontramos para crear el nuevo ejército, debo mencionar que la mayor de ellas está constituida por este localismo atroz, este patriotismo local. Los órganos locales del poder soviético están llevando a cabo interceptaciones, tomas y ocultamientos de propiedades e instituciones militares de todo tipo. Cada uyezd, casi todo los volosts, creen que el poder soviético puede defenderse mejor concentrando en el territorio de un volost dado tantos pertrechos aeronáuticos como sea posible, equipamiento de radio, rifles y vehículos blindados, y todos ellos tratan de ocultar estos pertrechos -y no sólo en las provincias, sino incluso en los centros, en las organizaciones de los distritos de Petrogrado-, podemos observar todavía esa conducta infantil.


Es evidente que, desde el punto de vista del estado de conjunto, necesitamos contabilizar toda nuestra propiedad militar. Esta fue abandonada durante el proceso de desmovilización del viejo ejército, sin un plan, en todo tipo de lugares, y allí donde fue abandonada, fue absorbida, saqueada y vendida. Debemos recuperarla, inventariarla y entregarla a las autoridades militares y concentrarlas en depósitos, de modo que estén a disposición de todo el país.
¿Es que realmente no se dan cuenta de que cualquier uyezd en Tsarevo-Kokshaisk13 o cualquier volost, estará mejor protegido de los enemigos externos y de la contrarrevolución si el poder soviético central tiene bajo su control todas las armas y municiones del país, en lugar de permitir que esas provisiones militares permanezcan en los volosts, donde no pueden ser usadas ni aprovechadas? Nosotros enviamos telegramas a los soviets de las provincias quejándonos de esos abusos, pero en nueve de diez casos, camaradas, no encontramos el apoyo activo suficiente de ustedes en las localidades.


Debemos ponerle fin a esta situación. Debemos proseguir la lucha más severa contra la interceptación, la apropiación y el ocultamiento de las propiedades del Ejército por parte de los soviets locales.


Hay toda una serie de dificultades de un tipo más general. Un gran número de despachos que hemos recibido sólo este día, son un testimonio de esto. No voy a citarlos todos aquí: seleccionaré sólo unos pocos, para que sirvan como ejemplo.
Aquí hay un telegrama del uyezd de Usmansk, en la provincia de Tambov: «La organización del Ejército Rojo continúa con gran dificultad. Se han registrado unos pocos hombres para el servicio. Los kulaks14 están llevando adelante una agitación persistente contra el poder soviético: en algunos volosts han echado a los soviets. En general, la agitación contrarrevolucionaria continúa intensamente”.


Los mismos kulaks que perturban nuestro esfuerzo de organización y ocultan el grano también están llevando adelante una lucha contra el Ejército Rojo. Esto significa que el Ejército Rojo no es más que el reflejo del régimen soviético de conjunto, y está enfrentando las mismas dificultades y los mismos enemigos.


“Los campesinos más pobres tienen una buena actitud hacia la creación de un nuevo Ejército Rojo. En una asamblea general se adoptó una resolución saludando al Ejército Rojo de los obreros y los campesinos. La moral de los hombres del Ejército Rojo es excelente, pero no se puede decir lo mismo de los trabajadores ferroviarios. Entre ellos se lleva a cabo agitación contrarrevolucionaria. El comisariado militar recién se ha establecido».
Donde los trabajadores ferroviarios son viejos cuadros de los Centurias Negras, donde están bajo el pulgar de los gerentes, se rebelan contra el poder soviético y contra el ejército soviético de obreros y campesinos.


Desde el volost de Kaleyevo, en el uyezd de Volokolamsk, en la provincia de Moscú, he recibido un informe de que los campesinos de una aldea anunciaron que todo aquel que sirva en el Ejército Rojo debe dejarlo inmediatamente y regresar a su aldea el 30 de junio. Cualquiera que no obedeciera esta decisión sería privado de su estatus de campesino (así es como está planteado en la resolución) y no se le permitiría regresar a la aldea.
Uno de los comisarios nos envió este informe y dice que ha afectado muy adversamente al Ejército Rojo. Camaradas, hago uso de esta alta tribuna del Congreso de los Soviets de toda Rusia para hacerles una primera advertencia a los kulaks y a los Centurias Negras del volost de Kaleyevo, uyezd de Volokolamsk. No tienen ningún derecho a privar a ningún hombre del Ejército Rojo de su estatus de campesino. Ellos mismos serán privados de cualquier estatus si se atreven a rebelarse contra la creación de un ejército de obreros y campesinos.


En las localidades la idea de un servicio militar compulsivo, es recibida en la mayoría de los casos, según dicen los reportes de nuestros comisionados, con una respuesta completamente favorable de parte de los obreros y los campesinos pobres. Así, me ha llegado un telegrama de nuestro comisario de distrito en relación con el Congreso de la provincia de Yaroslavl. Escribe que este Congreso saluda el último decreto del servicio militar universal y considera que una de las principales tareas, quizás la tarea principal, del momento actual, es la formación, el equipamiento técnico y el armamento del Ejército Rojo de obreros y campesinos, según la última palabra de la ciencia militar. El Congreso está firmemente convencido que la Rusia Soviética triunfará en realizar sus objetivos más preciados y en el futuro estará en posición de resistir a todo el mundo imperialista, no sólo ideológicamente sino también con las fuerzas armadas. Este está firmado por Nakhimson, en representación del Congreso.


Nakhimson era nuestro Comisario de distrito. Fue asesinado en Yaroslavl durante una revuelta de la Guardia Blanca. Fue uno de los obreros más dedicados al régimen soviético, uno de nuestros mejores comisarios. Debemos cumplir la idea que puso en marcha en esa declaración, debemos crear un ejército de obreros y campesinos excelentemente entrenado y técnicamente equipado según la ciencia militar más actualizada.


En conclusión, debo decir que todos aquellos que previamente dudaron, se están haciendo concientes de esto. En el Comité del Partido de la región noroccidental había camaradas que reaccionaron con cierta desconfianza y críticas a nuestro emprendimiento de construir un ejército sobre la base de la ciencia militar racional, con alistamiento de la cantidad necesaria de especialistas. He recibido de ese sector, de esos mismos camaradas, un telegrama que exige el establecimiento de la disciplina más estricta, del reclutamiento de la cantidad necesaria de viejos especialistas militares, el alistamiento compulsivo para el servicio militar en condiciones especiales, de todos aquellos oficiales que están dispersos entre otros comisariados y comprometidos en otro tipo de trabajo, y la formación de nuevos cuadros, de líderes militares de las filas de nuestro propio pueblo soviético.


Puedo mencionar aquí el nombre de uno de los mejores trabajadores del poder soviético, el camarada Myasnikov15, cuya actitud anterior hacia nuestros métodos de crear un ejército de obreros y campesinos era, si no de desconfianza, por lo menos de duda. No sé si está presente: él quería hablar sobre esta cuestión. Como resultado de la experiencia llegó ahora a la misma conclusión que nosotros, y quería hacer una declaración pública a ese efecto en el Congreso.


Escuchamos cada vez más frecuentemente que aquellos funcionarios soviéticos que, algunas veces abiertamente y otras a escondidas, rezongaban porque creábamos un ejército real y no un ejército amateur, de juguete, no algún tipo de destacamento de milicias, ahora están a favor de nuestra visión sobre esta cuestión. Aquellos que protestan contra esto no han comprendido todavía que la clase obrera y los campesinos están en el poder, y que por esa misma razón todo lo que hacemos no es artesanal o amateur sino que está construido sobre principios sólidos y científicos.


¡Debemos parar estas quejas! Algunas personas intentan asustarnos diciendo: «Estamos invitando a que vuelvan los viejos generales, y los hombres del Ejército Rojo escuchan esto y piensan que los estamos invitando a que vuelvan para restaurar el viejo régimen». Pero nosotros decimos: «¿Ustedes, obreros y campesinos, no han tomado el poder? ¿No quieren consolidar este poder? Nosotros podemos hacer esto pero necesitamos crear las condiciones en las que podamos trabajar con éxito. Para este propósito necesitamos incorporar especialistas. Para crear un ejército de obreros y campesinos necesitamos generales, y si ocurren errores y fracasos en esta esfera del trabajo, si vemos que algún general se compromete en actividades contrarrevolucionarias, lo arrestaremos».


Debemos examinar cada caso individualmente, y no desechar todos los especialistas sin una razón adecuada. Afortunadamente, los obreros y los campesinos comprenden que no podemos tener éxito en crear algo sobre nuevos principios sin recurrir a especialistas. Si un ingeniero burgués, a quien invitamos a colaborar en una fábrica, llegara a pensar en guiar su trabajo por la idea de que la industria va a retornar al capitalismo, entonces la administración de los obreros, por supuesto, le demostraría que esto no es así. Y nosotros demostraremos esto también a todos los especialistas militares. Nuestra tarea es crear el mecanismo de un nuevo orden. Esta tarea no es tan simple.


Si el régimen zarista logró crear un ejército, y logró crear disciplina en ese ejército que servía no al pueblo sino a los enemigos del pueblo, nosotros, al crear un ejército para defender los intereses del pueblo, no dudamos que lograremos crear una disciplina que sea diez veces más firme. Tenemos que superar nada más la enfermedad infantil, la tara del crecimiento, la negligencia y la debilidad que son una herencia de la maldita guerra y del régimen zarista.


Pero la cuestión de si lograremos o no hacer esto es la cuestión de la supervivencia de nuestro poder. Si no lo hacemos, significa que la clase obrera debe poner su cuello bajo el viejo yugo. Pero rechazamos esa noción. Sabemos que la clase obrera superará todas las dificultades y será capaz de resistir durante estas semanas sumamente dificultosas cuando nuestros enemigos están realizando todos los esfuerzos posibles, recurriendo a las rebeliones y los motines, bloqueando el movimiento de provisiones de alimentos, retrasando los trenes, pugnando por provocar desórdenes por todas partes; cuando, en esencia, todos los partidos han desaparecido, fusionándose en uno solo, que se propone la tarea de derrocar el poder de los obreros y los campesinos; cuando se están poniendo en juego todos los medios posibles: la calumnia, el sabotaje, y el llamado a las bayonetas extranjeras.


Estamos seguros que ustedes, habiendo conseguido nuevas energías, una renovada voluntad de poder, llevarán con ustedes desde este Congreso a las localidades la confianza de que ninguna fuerza puede aplastarnos, porque estamos estrechamente cohesionados. Un vínculo nuevo, más estrecho será nuestro ejército obrero y campesino, que crecerá y se fortalecerá y se volverá más firme. Dentro de seis semanas se habrá terminado la licencia, estaremos entrando en la nueva cosecha, y eso nos permitirá crear las bases para organizar nuestro ejército. Estaremos en condiciones de darle a nuestros hombres del Ejército Rojo no tres cuartos de libra sino una y media, quizás dos libras de pan, las que un joven camarada saludable necesita para pasar por un entrenamiento militar durante seis horas por día y después pasar tres horas dedicadas a su desarrollo político.


Formaremos más y más cuadros de entre los obreros y los campesinos, y ustedes nos apoyarán en las localidades, desechando todo localismo, comprendiendo que la Rusia soviética es un organismo integral, que el ejército es una de las partes de este organismo, que necesitamos una firme disciplina y una política firme, coherente, para fortalecer el orden socialista de los obreros y los campesinos.

 

Resolución sobre el informe para crear el Ejército Rojo de los Obreros y los Campesinos

 

1. La República Soviética rusa es como una fortaleza que está sitiada por todos lados por las fuerzas imperialistas. Dentro de la fortaleza soviética la contrarrevolución está alzando su cabeza, habiendo encontrado apoyo temporal de parte de los mercenarios checoslovacos de la burguesía anglo-francesa.
La República Soviética necesita un fuerte ejército revolucionario, capaz de aplastar a la contrarrevolución burguesa y terrateniente y de darle un revés a la ofensiva de los predadores imperialistas.


2. El viejo ejército zarista, que fue creado mediante la coerción y para mantener el orden de los círculos superiores propietarios sobre los órdenes obreros inferiores, sufrió una terrible debacle en la carnicería imperialista de los pueblos. El golpe final le fue propinado por la política mentirosa de los Cadetes y los conciliadores, la criminal ofensiva del 18 de junio, el episodio Kerensky y la korniloviada.


El viejo aparato de administración militar, en el centro y las localidades, explotó y se dispersó junto con el viejo orden y el viejo ejército.


3. Bajo estas condiciones no quedaba, al principio, ningún camino abierto al poder obrero y campesino, para crear el ejército, más que el enrolamiento de voluntarios dispuestos a tomar sus puestos bajo la insignia del Ejército Rojo.

4. Al mismo tiempo el poder soviético siempre reconoció (y el V Congreso Panruso de los Soviets confirma otra vez solemnemente esto) que todo ciudadano honesto y saludable de entre 18 y 40 años tiene el deber de responder al primer llamado de la República Soviética de salir a defenderla contra los enemigos internos y externos.


5. Con miras a implementar el entrenamiento militar obligatorio y el servicio militar obligatorio, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha establecido órganos soviéticos de administración militar local, en la forma de comisariados militares de distrito, de provincia, de uyezd y de volost. Aprobando esta reforma, el Congreso Panruso de los Soviets impone a todos los soviets locales el deber de implementarla con toda severidad en las localidades. Es condición para el éxito de todas las medidas para crear un ejército que haya un centralismo coherente en la esfera de la administración militar; esto es, una subordinación estricta e incondicional de los comisariados de volost a los comisariados de los uyezd, de los comisariados de los uyezds a los comisariados de las provincias, de los comisariados de las provincias a los comisariados de los distritos, y de los comisariados de distrito al Comisariado del Pueblo para Asuntos Militares.

6. El V Congreso de los Soviets exige de todas las instituciones locales una estricta contabilidad de todas las propiedades militares, y su distribución y gasto concienzudos en conformidad con los efectivos y las regulaciones establecidas por los órganos centrales del poder soviético. La apropiación arbitraria de propiedades militares, su ocultamiento, su apropiación ilícita o el gasto en forma descuidada deben ser tratadas de aquí en más como equivalentes a los peores crímenes contra el estado.


7. El periodo de formaciones improvisadas, destacamentos arbitrarios y estructuras amateurs debe quedar atrás. Todas las formaciones deben ser compuestas en estricta conformidad con las disposiciones institucionales y según las evaluaciones del Alto Mando Panruso. El Ejército Rojo de los Obreros y los Campesinos debe ser construido de manera tal que el mínimo gasto de fuerzas y recursos dé el máximo resultado, y esto será posible sólo a condición de que haya una aplicación planificada de todas las conclusiones de la ciencia militar que surjan de la experiencia de la guerra actual.


8. Para crear un ejército centralizado, bien entrenado y bien equipado necesitamos hacer un uso generalizado de la experiencia y el conocimiento de los muchos especialistas militares que hay entre los oficiales del antiguo ejército. Estos deben ser registrados en su totalidad y obligados a ocupar los puestos que el poder soviético les asigne. Todo especialista militar que trabaje honesta y concienzudamente para desarrollar y fortalecer el poderío militar de la República Soviética tiene el derecho a obtener el respeto de parte del ejército obrero y campesino y el apoyo de parte del poder soviético. El especialista militar que trate pérfidamente de usar su puesto de responsabilidad para la traición o la conspiración contrarrevolucionaria para beneficio de los imperialistas extranjeros debe ser castigado con la muerte.

9. Los comisarios militares son los guardianes del vínculo interno estrecho e inviolable entre el Ejército Rojo y el régimen obrero y campesino en su conjunto. Sólo revolucionarios intachables, férreos defensores de la causa del proletariado y de los pobres de la aldea, deben ser designados para los puestos de comisarios militares, a quienes se les confíe el destino del ejército.

10. Una tarea sumamente importante en relación con la creación del ejército es la educación de nuevos efectivos de mando completamente compenetrados con las ideas de la revolución obrera y campesina. El Congreso le impone al Consejo del Pueblo para Asuntos Militares el deber de redoblar sus esfuerzos en esta dirección, mediante la creación de una extensa red de escuelas para instructores y mediante la incorporación de soldados del Ejército Rojo que sean soldados capaces, enérgicos y valientes.

11. El Ejército Rojo Obrero y Campesino deber ser construido sobre la base de una disciplina revolucionaria de hierro. Un ciudadano al cual el poder soviético le ha entregado un arma con la cual defender los intereses de las masas trabajadoras está obligado a someterse incondicionalmente a las exigencias y las órdenes de los comandantes designados por el poder soviético. Los elementos vandálicos que saqueen y coercionen a la población local o que organicen revueltas, junto con los arribistas, los cobardes y los desertores que abandonen sus posiciones de batalla, deben ser castigados sin clemencia. El Congreso Panruso le impone al Comisariado para Asuntos Militares el deber de pedir cuentas, antes que nada, a aquellos comisarios y comandantes que consientan excesos o cierren los ojos ante las violaciones del deber militar.

12. Hasta que la burguesía haya sido finalmente expropiada y sometida al servicio universal de trabajo, en la medida en que la burguesía esté todavía tratando de restaurar su anterior dominio, armar a la burguesía significaría armar a un enemigo que está dispuesto a traicionar en cualquier momento a la República Soviética y entregarla a los imperialistas extranjeros. El Congreso confirma el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre la formación, a partir de los grupos de edad de la burguesía que han sido convocados, de destacamentos de retaguardia para integrar la fuerza de las unidades no combatientes que sirven de escuadrones de faenas. Sólo a aquellos elementos burgueses que hayan mostrado en la práctica su fidelidad a las clases trabajadoras se les pueden permitir el traslado a las unidades de combate.

13. El Congreso impone a todas las instituciones soviéticas y a todas las organizaciones sindicales y los comités de fábrica el deber de asistir al Departamento de Guerra en todas las formas posibles en la cuestión de implementar el entrenamiento militar obligatorio de los obreros y los campesinos que no exploten el trabajo de otros. Se deben establecer polígonos de tiro y clubes de armas en todas partes, organizar maniobras y desfiles militares revolucionarios y realizar una difundida agitación con el objetivo de despertar el interés en los asuntos militares entre la clase obrera y el campesinado.

14. Saludando la convocatoria de los dos grupos de edad de obreros de Moscú y Petrogrado, y también el enfoque hacia la movilización en el Volga y los Urales, y tomando en cuenta el designio de los predadores mundiales de involucrar a Rusia una vez más en la carnicería imperialista, el Congreso considera necesario proceder tan pronto como sea posible a la movilización de varios grupos de edad de obreros y campesinos trabajadores a lo largo y lo ancho del país. Se hace responsables al Comité Ejecutivo Central y al Consejo de Comisarios del Pueblo de emitir un decreto definiendo el número de grupos de edad sujetos a inmediata convocatoria, junto con los tiempos y las condiciones para la recepción de estos grupos de edad.

15. Rodeada por todas partes por enemigos, enfrentada a la contrarrevolución, que se apoya en los mercenarios extranjeros, la Rusia soviética está creando un fuerte ejército para defender el poder de los obreros y los campesinos hasta que llegue el momento en que la clase obrera de Europa y el mundo, rebelándose, le propine un golpe mortal al militarismo y cree las condiciones para la colaboración pacífica y fraternal entre todos los pueblos.

 

1 Traducción al español para esta edición de «Cuadernos», tomada de How the Revolution Armed, Vol. 1: 1918, pág. 411, New Park Publications, Londres, 1979. 

2 El general A.A. Brusilov era comandante en jefe del Frente Sudoriental de Rusia en 1916 y realizó un famoso “avance” que paralizó al ejército austro-húngaro y que tuvo importantes efectos sobre el curso de la Primera Guerra Mundial. Éste hizo que los rumanos se pasaran del bando Aliado, salvó al ejército italiano de la aniquilación, y obligó a los alemanes a aliviar su presión sobre los franceses. Debido a la corrupción y a la incompetencia del régimen zarista, el éxito de Brusilov no tuvo continuidad. Brusilov permaneció inactivo después de la revolución de octubre hasta 1920, cuando se pasó del lado del gobierno soviético en relación con la guerra contra Polonia, y se transformó en Inspector de Caballería en el Ejército Rojo.

3 La ofensiva del 18 de junio de 1917 en los frentes sudoccidentales contra los alemanes fracasó por completo debido a la desintegración en que ya se encontraba el ejército dirigido por Kerensky. (N de E)

4 Unidad administrativa correspondiente a un distrito rural; incluye a una serie de volosts. (N de E)

5 Unidad administrativa correspondiente a un condado. (N de E)

6 Aquí hay una alusión a una adivinanza del folklore ruso. “La vieja Andreyevna está agachada, con su nariz pegada al suelo y sus brazos estirados detrás de ella. ¿Qué es? Respuesta: el arado”. La elección del nombre ‘Andreyevna’ tenía probablemente la intención de sugerir la forma similar a la del arado de la letra ‘A’ mayúscula invertida.

7 Los soldados rusos usaban, en vez de medias, bandas de tela enrolladas en sus pies. 

8 El gobierno de Petliura en Ucrania (compuesto por mencheviques y eseristas) hizo un acuerdo con los alemanes mediante el cual éstos emprendieron la limpieza de las unidades de Guardias Rojos de Ucrania. Los alemanes reconocieron la independencia de Ucrania, y bajo presión de sus fuerzas los Guardias Rojos abandonaron el país. Estos abolieron la Rada (parlamento) y pusieron al general zarista Skoropadsky en el poder, que se mantuvo hasta noviembre de 1918, cuando los alemanes de retiraron. (N de E)

9 La Asamblea Constituyente que iba a tener el objetivo de elegir un gobierno para la República rusa, fue convocada en enero de 1918 pero fue rápidamente disuelta ya que había sido reemplazada por los soviets.

10 Krasnov fue un general zarista que Kerensky quiso usar para aplastar la insurrección de octubre. Los Guardias Rojos derrotaron al regimiento cosaco de Krasnov en las afueras de Petrogrado. Este luego formó, con ayuda de los alemanes, un ejército de 100.000 hombres en el Frente Sur que posteriormente fue derrotado. (N de E)

11 Las ordenanzas sobre los reclutamientos para la retaguardia fueron publicadas como parte del decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo con fecha del 20 de julio de 1918. Mediante este decreto, todos los ciudadanos que no estaban en condiciones de ser enrolados en el Ejército Rojo junto con otros de su mismo grupo de edad fueron enrolados por un año para servir en las levas de retaguardia. Unidades especiales de trabajo, en forma de batallones obreros independientes, fueron constituidos con aquellos convocados de esta forma. Fueron asignados para cavar trincheras, faenas de construcción, trabajos en los caminos, almacenes y talleres, en relación con el almacenamiento de combustible y provisiones, carga y descarga y así sucesivamente. Se implementaron estrictas medidas para registrar a todos los ciudadanos pasibles de reclutamiento, de 18 a 45 años, en las siguientes categorías: 1) aquellos que vivían de ingresos no ganados por ellos mismos; 2) aquellos que empleaban mano de obra contratada con vistas a obtener ganancias; 3) los miembros de los directorios de las compañías industriales y las sociedades anónimas, y las empresas agrícolas y comerciales; 4) los antiguos magistrados, sus asistentes, los abogados privados, los escribanos, los corredores de bolsa, los intermediarios, los escritores de la prensa burguesa; 5) los monjes y los clérigos de todas las confesiones; 6) las personas pertenecientes al ejercicio de las denominadas profesiones liberales, si no desempeñaban funciones de utilidad pública; 7) los antiguos oficiales, funcionarios públicos, los alumnos de escuelas de entrenamiento de cadetes (Junker, las que brindaban entrenamiento para los jóvenes de otras clases sociales aparte de la nobleza) y los de los Cuerpos de Cadetes (a éstos iban los hijos de la nobleza), y personas sin una ocupación definida.

12 El 25 de abril de 1918 el Consejo Militar Supremo le propuso al Comandante de la Flota, Shchastny, que comenzara inmediatamente negociaciones con los alemanes acerca del establecimiento de una línea de demarcación, ya que sin ésta la situación de la flota sería extremadamente difícil. Shchastny pasó la orden correspondiente por radio al oficial superior naval de Helsingfors [actual Helsinki], Zelionoy, y este mensaje fue repetido el 29 de abril. Sólo el 1° de mayo se recibió la respuesta de Zelionoy, diciendo que en su opinión, no era deseable plantear esta cuestión en las circunstancias del momento. El 3 de mayo Zelionoy informó que la orden sería llevada a cabo. Shchastny estaba obviamente haciendo la vista gorda ante el incumplimiento de las órdenes de sus subordinados. Como consecuencia de esto, el Tribunal Revolucionario de la República sentenció a Shchastny a ser fusilado. (N de E)

13 Trotsky utiliza esta región como un ejemplo de un lugar inaccesible y boscoso. (N de E)

14 Campesinos ricos que poseían y arrendaban tierras o contrataban a otros para trabajarlas. (N de E)

15 Myasnikov A.F (Myasnikian), bolchevique desde 1906, sirvió en el frente del Volga en 1918, y se transformó en Comisario de Asuntos Militares en la Lituania soviética y Bielorrusia en 1919.