La Escuela de Chicago florece en el autoritarismo

 

 

Ese extraño maridaje entre modelos autoritarios y ultraliberalismo puede repetirse en Brasil

 

JOAQUÍN ESTEFANÍA

27 OCT 2018 - 00:00 CEST

 

Fotograma de 'Chicago Boys', documental del 2015.

 

¿Por qué la Escuela de Chicago y sus teorías económicas ultraliberales abonan mejor en las dictaduras y en los modelos autoritarios que en las democracias consolidadas? Posiblemente porque para ser puestas en práctica, se necesita que las resistencias ciudadanas ante la desigualdad que generan no tengan cauces fuertes para manifestarse en el seno de la sociedad civil. Es por ello que los laboratorios más puros de los Chicago boys se han instalado en las dictaduras militares del Cono Sur latinoamericano de los años setenta del siglo XX, en la Turquía militar del pasado, y, posiblemente, tendrán otra oportunidad en el Brasil de hoy si el ultraderechista Bolsonaro gana las elecciones.

 

Ese extraño maridaje entre anarcocapitalistas y espadones (y asimilados) se repetirá una vez más, confirmando la tesis, si se hacen realidad los análisis que prácticamente de forma unánime dan al Chicago boy Paulo Guedes la dirección del gran superministerio económico en el Brasil de Bolsonaro. Este último ha manifestado sus nostalgias por la dictadura brasileña, proteccionista, intervencionista, pero ha declarado que ante su absoluta ignorancia económica ha cedido su programa en esta materia, y cederá previsiblemente su política económica, en este banquero ultraliberal de 69 años, que basaría su acción en una política de privatizaciones a ultranza del sector público empresarial (petróleo, electricidad, correos…), una reforma fiscal que reduciría los impuestos a los más privilegiados bajo el reclamo de que son los que más invierten (ha hablado de un tipo único del 20% en el impuesto sobre la renta de las personas físicas), y sustituiría el sistema de pensiones de reparto por otro de capitalización, siguiendo la estela de lo que se hizo en el Chile de Pinochet. Guedes hizo su doctorado en la Escuela de Chicago y le son muy familiares las políticas seguidas en el Chile de la dictadura. El autor de la reforma chilena de las pensiones, José Piñera, es hermano de Sebastián Piñera, actual presidente del país, que recientemente declaró en España que la música del programa económico de Bolsonaro le sonaba bien. Asimismo, Guedes se ha pronunciado contra el “Estado máquina”, contra un Estado disfuncional que concentra privilegios corporativistas proveniente de un modelo centralizador que llega de la dictadura militar (1964-1985), y que Lula y Dilma Rousseff no consiguieron reformar. Veremos cómo se resuelven las contradicciones entre el proteccionista Bolsonaro (“Más Brasil, menos Brasilia”) y el ultraliberal Guedes. La victoria de Bolsonaro en la primera vuelta sonó a música celestial en los mercados y el real se apreció respecto al dólar.

 

Milton Friedman, el padre intelectual de los Chicago boys, visitó a Pinochet en los años más duros de su dictadura, en la mitad de los años setenta, y junto a su mujer, Rose, se hizo fotografías con el militar golpista que fueron publicadas en las primeras páginas de todos los periódicos, y que sirvieron como factor de legitimación. También Friedman fue al frente de la sociedad Mont Pelerin algo así como la Internacional económica ultraliberal, que se reunió en Santiago (otra forma de legitimación). En aquella ocasión pasó antes por Lima, donde un joven Mario Vargas Llosa hizo a Friedman una entrevista en televisión en la que le preguntó si tenía alguna duda moral al observar que sus teorías eran aplicadas generalmente en países con Gobiernos autoritarios: “No”, respondió un Friedman que estaba a punto de recibir el Premio Nobel de Economía, “no me gustan los Gobiernos militares, pero busco el mal menor”.

 

Fueron sus discípulos chilenos —Sergio de Castro, Sergio de la Cuadra, Rolf Lüders, Álvaro Bardón, Hernán Büchi, etcétera— los que se ofrecieron a Pinochet, le proporcionaron su programa económico ultraliberal y gobernaron el área económica del pinochetismo en los años de plomo, cuando ni los partidos políticos ni los sindicatos podían movilizarse. Dictadura política más ultraliberalismo económico: esa fue la fórmula del pinochetismo. Ello ocurrió también, con escasas diferencias, tres años después en la Argentina de Videla, en la que su zar económico, José Alfredo Martínez de Hoz, junto a sus principales colaboradores, se identificaron con el monetarismo friedmanita.