Carlos Arze Vargas
 

La falsa nacionalización nos está llevando a una ch'ampa guerra

 

 

La falsa nacionalización, que dejó en manos de las transnacionales la explotación de los hidrocarburos y buena parte del excedente, nos está llevando a una ch'ampa guerra entre ciudadanos de los diferentes departamentos.


Mientras sean las transnacionales las que fijan el rumbo de la política de hidrocarburos -basada en la monetización acelerada de las reservas, o sea, la explotación irracional para la exportación, y en el otorgamiento continuo de "incentivos"- los bolivianos estaremos excluidos de los beneficios de la explotación de los recursos naturales. 


El gobierno del MAS, tributario del gran capital extranjero, no tiene interés en expulsar a las transnacionales, pues, como todos los gobiernos burgueses de nuestra historia vive de las migajas que éste le deja, migajas que se usan para hacer nuevos ricos en sus filas y para financiar su permanencia indefinida en el poder mediante políticas populistas. También las élites locales y regionales que son también rentistas (es decir, no son burguesías industriales, sino que aprovechan la renta generada en la extracción de recursos naturales), se benefician de las regalías e IDH establecidos por la ley; empero, las poblaciones de los municipios donde se ubican los ricos campos petroleros, permanecen en la pobreza y el abandono.


La pelea por la delimitación de las fronteras o por la definición "técnica" de la ubicación de los yacimientos, es una pelea que no lleva a resolver el asunto; en puridad, es una pelea de las clases dominantes fracasadas de las regiones atrasadas: fracciones de la burguesía intermediaria o resabios de terratenientes oligarcas que nunca se pusieron a la cabeza de la nación oprimida para impulsar el desarrollo capitalista -es decir industrial- del país. 


Esas son las razones por las que la solución a este enredo sólo puede venir por la expulsión del capital transnacional -nacionalización sin indemnización- y el establecimiento de un Estado obrero que utilice el excedente según las necesidades de la población y no en base al cálculo de las ganancias monetarias o políticas, política en la que las fronteras imaginarias dejarán de ser primordiales. Resulta obvio que este enorme desafío no puede ser protagonizado por la fracasada burguesía, ni por la pequeña burguesía campesina, como lo demuestra la desastrosa experiencia de Evo, sino por el proletariado y su partido revolucionario.