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La masacre de Villa Victoria

 

 

18 DE MAYO: DIA DEL TRABAJADOR FABRIL

 

Nota Histórica, 18 May 020 (RENNO).- Como muchos días conmemorativos en nuestro país, el día del trabajador fabril hace referencia a un día de dolor, muerte y sacrificio en lucha por la reivindicación de sus conquistas laborales.

Es el gobierno de Mamerto Urriolagoytia, de tinte totalmente anti obrero, reprimió la movilización de los trabajadores obreros de las ciudades.

Agustín Barcelli en su libro “Medio siglo de luchas sindicales revolucionarias en Bolivia”, describe los trágicos eventos del 18 de mayo de 1950. Compartimos este relato conmemorando la valentía y tenacidad de lo sobreros fabriles bolivianos.

“ La mañana del día 18 señalado como fecha para la paralización de labores, pequeños grupos de huelguistas recorrían los barrios populares exigiendo el cierre general de los negocios. Al mismo tiempo se invitaba a los trabajadores para la gran concentración a realizarse en el Obelisco (Santa Cruz esquina Ayacucho). Ya concentrada una enorme multitud se tuvo noticias de que en la mañana la policía había asaltado la Universidad de San Andrés y la Escuela Normal Superior en donde funcionaban sendos “cuarteles generales de huelga” procediendo a la detención de numerosos obreros y estudiantes.

La reacción de los oradores y de la multitud fue cobrando peligrosos niveles de violencia. Al medio día ya la lucha entre policías y manifestantes se había generalizado. La multitud reclamaba las armas que los comunistas por intermedio de Ricardo Anaya – a la sazón “asilado” en la casa del Ministro de Gobierno- les había prometido desde días antes. Pero las armas no llegaban mientras crecía la violencia y la desesperación de la masa. Un grupo de manifestantes asaltó el depósito de la Aviación apoderándose de varios camiones con los cuales procedieron a transportar piedras para erigir barricadas y utilizarlas como proyectiles contra los ataques de la policía.

A las 14 horas un camión cargado de carabineros se volcó en las proximidades del Teatro Monje Campero, quedando varios de ellos heridos. La gente presente se abalanzó sobre el montón informe de carabineros y camión para apoderarse de las armas que aquellos habían soltado en la caída. Así lograron reunir algunos fusiles para utilizarlos en su lucha de barricadas. En esos momentos La Paz entera se estremecía con el estampido de fusiles y ametralladoras.

Frenética la multitud asaltaba las garitas de los varitas y los semáforos, mientras acopiaba muebles, camiones, autos y toda clase de material para dar consistencia a sus barricadas. Así la ciudad quedó dividida en dos sectores: uno que comprendía todas las barriadas obreras hasta El Prado y la Universidad, en poder de los huelguistas; y otro; que comprendía todo el centro de La Paz y barrios aristocráticos que era retenido por las fuerzas del gobierno. Todos los ataques de éstas serán contestados con piedras, dinamita y balas.

Al promediar la tarde del día 18 comenzaron a atacar las tropas compuestas de 6 regimientos de Ejército y 2 de carabineros provistos de morteros, ametralladoras y gases. Esa tropa al mando del general Ovidio Quiroga comenzó a asaltar las improvisadas barricadas, defendidas hasta el último aliento por los huelguistas.

Inmolación de Villa Victoria.-

Hacia las cinco de la tarde la situación de los insurrectos se había hecho realmente crítica. Sólo el ejemplo y el valor de algunos dirigentes obreros mantenía en alto la moral de sus compañeros, que comenzaban a ceder ante la supremacía del fuego de las tropas.

Lentamente se desplazaba la tropa sobre sus objetivos estrechando el círculo de hierro y fuego en que iban a ahogar a Villa Victoria.

Hacia las 19 horas sólo quedaba un puñado de valientes resistiendo todos los ataques de la policía y el ejército. Seguro el general Ovidio Quiroga de su “triunfo” ordenó cesar el fuego y exigir la rendición incondicional de los que aún resistían. Estos comprenden que tal rendición significa la muerte en medio de atroces torturas y guardan un elocuente silencio. Hora y media más tarde son barridos por la metralla, la artillería y la aviación. Después de minutos de heroica resistencia se acalla para siempre el “último fortín obrero” y un silencio rodea a los heroicos muertos.

La llegada de la noche no detiene ni la violencia destructora y homicida de la tropa ni el heroísmo de los trabajadores. Calle por calle, casa por casa, perdida ya toda la organización masiva los obreros siguen combatiendo a las fuerzas gubernamentales. Al aclarar la primeras horas del día 19 aún siguen resistiendo unos cincuenta obreros dispersos por Villa Victoria. Pero de pronto son masacrados por el fuego de los atacantes.

Minutos más tarde sobre la inmolada Villa grupos de mujeres desoladas y hombres de los carros basureros se disputan ferozmente los cadáveres, que son cargados en montón y enterrados en secreto; […] el gobierno ni siquiera se sintió obligado a dar un informe detallado de los sucesos. El número de víctimas y el lugar en que fueron enterrados sigue siendo un secreto.”