A 80 Años de la formación del CERCI

 

Partido Obrero Revolucionario

Las secciones de Brazil, Argentina y Bolivia se reunieron este fin de semana en el Cuarto Congreso del CERCI. 



Luchemos por la reconstrucción del Partido Mundial de la Revolución Socialista
El mundo atraviesa una etapa más de la descomposición del capitalismo. Su particularidad está en que no ha sido superada la crisis de la dirección revolucionaria. Es necesario que la vanguardia que encarna el marxismo-leninismo-trotskismo, luche con todas sus fuerzas para elevar la conciencia del proletariado sobre la necesidad de reconstruir el Partido Mundial de la Revolución Socialista.
La crisis de dirección, no sólo que no ha sido resuelta, sino que se agravó. La hecatombe de los partidos comunistas provocada por el estalinismo, ha hecho retroceder hasta un punto inimaginable la organización de la clase obrera y ha permitido que la burguesía erradique de la conciencia obrera el programa de la revolución socialista.
Tomamos los 80 años de la fundación de la IV Internacional como un hito en la lucha de Leon Trotsky para evitar que la degeneración del partido bolchevique y del Estado obrero, que nació de la revolución rusa, así como la degeneración de la III Internacional, ambas llevaran a la crisis de la dirección mundial del proletariado, en la que ahora nos encontramos. La propia necesidad de fundar una nueva internacional, cuando el proletariado había liderado la primera revolución victoriosa en Rusia que abrió el camino para el nacimiento de los partidos comunistas en el mundo entero y la construcción la III Internacional, ya era expresión de la crisis de dirección. Esa constatación se encuentra en las primeras líneas del Programa de Transición: “La situación política mundial, en su conjunto, se caracteriza, antes que nada, por la crisis histórica de la dirección del proletariado”.
Estaba claro para los fundadores de la IV Internacional que había una gran probabilidad que el triunfo de Stalin y sus partidarios llevara a la restauración capitalista y, por tanto, a la destrucción de las conquistas de la Revolución de Octubre. La IV Internacional se constituyó en condiciones tales que difícilmente evitaría el avance del revisionismo estalinista, el impulso al restauracionismo y el fortalecimiento de las tendencias contrarrevolucionarias.
En eso residía la premisa de que la tarea fundamental de la situación era resolver la crisis de dirección.
A diferencia de las demás internacionales la IV Internacional se irguió en medio de una poderosa contracorriente de la historia. Una de las fuerzas motrices de esa contracorriente era materializada por la presiones del imperialismo para hacer retroceder el proceso de transición del capitalismo al socialismo, iniciado por la revolución proletaria en Rusia.
El estalinismo se formó y se consolidó potenciado por esta contracorriente. La IV Internacional por su parte, se formó en contraposición a la contracorriente restauradora, en la forma de Programa de Transición.
El asesinato de Trotsky, el 20 de agosto de 1940, dos años después de la fundación de la IV Internacional, fue un acontecimiento decisivo para el debilitamiento de la lucha mundial contra el estalinismo restauracionista y el orden de posguerra impuesto por el imperialismo. La obstinación de Stalin por liquidar el movimiento trotskista se convirtió, finalmente, en el objetivo de inviabilizar organizativamente a la IV Internacional, en su cuna. Trotsky encarnaba las conquistas del proletariado ruso, la constitución de la III Internacional como Partido Mundial y la continuidad del leninismo. No era suficiente su expulsión de la Unión Soviética, la sistemática persecución política, la campaña de difamación, los fraudulentos procesos de Moscú y el asesinato de prácticamente toda la dirección bolchevique. 
Fue necesario acabar con la vida de Trotsky, de manera vil y cobarde. Tres años después de ausencia de Trotsky, Stalin y sus lugartenientes disolvieron la III Internacional. Lo que puso en evidencia la profundidad de la crisis de dirección. No hubo tiempo para que la IV Internacional se consolide como una dirección a la altura de las grandes tareas planteadas en la posguerra.
La contracorriente restauracionista la llevó al naufragio. La dirección sucumbió al fortalecimiento circunstancial del aparato estalinista. Germinó en su interior el revisionismo. Paso a considerar a la burocracia estalinista como un eslabón inevitable en el proceso de transición del capitalismo al comunismo. De modo que jugaría un lugar progresista, toda vez que inevitablemente chocaría con el imperialismo. La tarea de los trotskistas ya no era la de construir los partidos revolucionarios y potenciar la IV Internacional, sino ingresar a los partidos comunistas estalinizados y actuar en su interior como su ala izquierda. Ya no se trataba de luchar contra el socialismo nacional, que se amparaba en la tesis revisionista del “socialismo en un solo país”, sino la de alinear a la burocracia estalinista, que supuestamente enfrentaría los ataques del imperialismo a la Unión Soviética. El revisionismo en el seno de la IV Internacional creaba un estalinismo que no existía. Sustituía la lucha de clases del proletariado mundial contra el capitalismo y en defensa de las conquistas de la revolución rusa por la presunción subjetiva de la guerra entre imperialismo y estalinismo. A partir de 1952, se abrió el proceso de división y fragmentación de la IV Internacional, que incentivará la revisión del Programa de Transición.
Hoy las innumerables corrientes que surgieron de esa diáspora reproducen diversas formas de centrismo. Se adaptaron, en gran medida, a la democracia burguesa y a los aparatos sindicales. Abandonaron, de hecho, la IV Internacional. Ya no existe para esas corrientes el peligro del estalinismo. Ya no tiene importancia el proceso de restauración capitalista, una vez que estaría ya concluido. De tarde en tarde, algunas de ellas se refieren a la constitución de una Internacional de los Trabajadores, o a la refundación de la IV Internacional. No pueden comprender que hicieron parte del revisionismo, o fueron incapaces de combatirlo. No ven su responsabilidad frente a la quiebra organizativa de la IV Internacional. El motivo de esa ceguera está en que no asimilaron la lucha de Trotsky contra las fuerzas restauracionistas y no comprendieron el Programa de Transición. En otras palabras, no se orientaron a desarrollar el Partido revolucionario en el seno del proletariado y se apegaron a una de las fracciones izquierdizantes de la pequeña burguesía.
Ante los 80 años de la IV Internacional, el POR, como sección del Comité de Enlace, reafirma el objetivo de reconstruir el Partido Mundial de la Revolución Socialista.
¡Viva la IV Internacional! (Massas No.571, POR - Brasil)