CATALEJO

 

Los errores del enfoque económico del actual gobierno

 

 

OPINION

miércoles, 16 de mayo de 2018 · 00:06

 

Las recientes afirmaciones del Ministro de Economía y Finanzas Públicas (Página Siete 2018/5/14) son una muestra clara de los errores del enfoque económico del actual gobierno.

 

En primer lugar, afirma que el doble aguinaldo se justifica porque la empresa privada habría aumentado sus utilidades en 26% y los que hacen crecer la economía son los trabajadores.

 

Para empezar es obvio que este porcentaje es tan sólo un promedio: ¿cuáles serán las empresas que hacen que este promedio sea tan alto? Pero lo más destacable es que al afirmar que lo que hace crecer la economía es el trabajo no ha avanzado respecto a un enfoque ¡del siglo XVIII!

 

En efecto, fue en el siglo XVIII cuando el liberal de Adam Smith, frente a la enorme riqueza en oro y plata que España había derivado del saqueo de sus colonias, y observando lo que, en cambio, ocurría en Inglaterra, sostenía que la verdadera riqueza, lo que agregaba valor, era el trabajo. Teoría que fue adoptada fervientemente por el joven Carlos Marx.

 

El hallazgo de Smith fue revolucionario para su época pero algo se ha avanzado desde entonces: si bien el trabajo contribuye al incremento del valor también lo hacen los bienes de capital y, sobre todo, la tecnología. Robert Solow ganó el Premio en 1987 por demostrarlo, y en 2010 un análisis comparativo entre distintos estudios referidos al tema concluyó que las diferencias de ingresos entre países -incluido Bolivia- se deben entre un 10 y un 30% a los recursos humanos -el aporte es mayor cuanto más calificados sean-, un 20% al capital físico y ¡entre un 50 y un 70% a tecnología! (Hsieh & Klenow 2010). La clave es la innovación ¡pero en esto estamos en último lugar en América Latina! (Dutta et al 2017).

 

Por otro lado, el ministro afirma -seguramente siguiendo a Keynes- que el doble aguinaldo incrementa el consumo. Esto es cierto pero, en nuestro caso, no es la economía nacional la que más se beneficia sino las de los países vecinos y de China. En efecto: cada vez lo importado es relativamente más barato que lo que se produce en el país –incluso por la agricultura campesina (observación de Miguel Urioste)- porque, mientras en Bolivia el precio del dólar se mantiene inmóvil, todos los países vecinos han devaluado sus monedas y la de China permanece históricamente bajísima.

 

En segundo lugar, mientras los ingresos generados por las empresas privadas aumentan -según lo afirma el ministro- las públicas en su conjunto generan un escaso superávit corriente (corriente: que no incluye depreciación) a pesar de lo cual se sigue aumentando la inversión en empresas públicas. A tal extremo que lo destinado a este fin en 2016, alcanzaba al 4,7% del PIB, suma que, restando el mencionado superávit, era financiada con ¡el 50% del déficit público! (Calculado con cifras del MEFP 2017).

 

Lo más preocupante de estas enormes inversiones es que se las hace endeudándonos pese a que ellas arrojarán pérdidas, como lo demuestran los análisis de expertos en hidrocarburos, a cuya industrialización se está  destinando en su mayor parte. Entonces, como ya nos ocurrió después de otra fiebre estatista causada por un aumento en los precios de las materias primas (Banzer 1972-1978), deberemos pagar la deuda contraída con otra crisis económica y estancamiento durante décadas. El estancamiento causado por la anterior crisis del estatismo duró 28 años (cifras del Madisson Project): hasta que hubo una nueva alza de precios de las materias primas.

 

En tercer lugar, el hecho de que el valor de nuestras exportaciones se hubiera multiplicado por 2,7 entre 2007 y 2014 (cálculo sobre cifras del INE) gracias a que China adoptó la economía de mercado, no ha sido aprovechado para desarrollarnos tecnológicamente y crear masivamente empleo de calidad, sino para hacernos aún más dependientes de los precios internacionales de las materias primas y de bienes de capital con tecnología importada “llave en mano”.

 

Las empresas privadas formales siguen creciendo -es una buena noticia- pese a políticas públicas que las desincentivan dentro de un modelo que claramente se juega porque el Estado asuma el papel dominante como empresario. La mala noticia es que, al castigar a las empresas formales, la informalidad sigue aumentando -en esto somos el número 157 entre 157 países (Hassan & Schneider 2016)- y por tanto la precariedad de la vida de los trabajadores informales urbanos: el 72% (OIT 2017).

 

Iván Finot es MSc. en economía y especialista en desarrollo.