Partido Obrero Revolucionario

 

 

 

Luis Fernando Camacho, el bolsonaro cruceño.

Un mesias en la cuerda floja

 

 

 

CAMACHO FRUTO DE UNA FAMILIA ULTRACONSERVADORA

 

Luis Fernando Camacho es hijo menor del empresario católico José Luis "papi" Camacho Parada, que influye decisivamente en él. Camacho padre debutó en la vieja política en FSB y luego se hizo de ADN, partidos de corte fascista. En los 70 fue edecán de Carlos Valverde Barbery, participando como paramilitar en el golpe de agosto de 1971 donde se fusiló a estudiantes universitarios de la UAGRM, en plena plaza cruceña. Fue influyente personaje en el país y en Santa Cruz como presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz de 1981 a 1983 (época de la narco dictadura de García Meza) y como presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), que apoyó decididamente al gobierno de Banzer y los acuerdos para construir el gasoducto al Brasil porque estaba ya embarcado en formar su empresa SERGAS, monopolio para proveer gas, negocio que se vio afectado con la llegada del MAS al poder. Ese el componente familiar antimasista, la afectación a sus negocios, más aún con la posterior investigación masista a sus empresas off-shore en el caso “Papeles de Panamá” y la intervención a las cerca de 20 de sus empresas. Por eso los Camacho están muy posicionados contra el MAS, además que no les resarció nada, igual que a otros empresarios que el MAS persiguió y judicializó por ultras, que le tacharon de comunista, aunque la historia muestra que el MAS es un partido proburgués y anticomunista en toda regla.

 

TRAYECTORIA DE CAMACHO

 

Camacho emula al padre, el personaje de la vieja política, en todo su accionar, como empresario, cívico y político, representando a una corriente ideológica tradicionalista, o sea VIEJA, muy conservadora y de raigambre fascista. Como su padre, Luisfer Camacho se unió tempranamente a las filas de la Unión Juvenil, a las actividades cívicas, a las fraternidades y seguro a las logias tan discriminadoras, o sea hizo carrera. Finalmente como producto de los enjuagues logieros Camacho llega a ser presidente cívico pero en una época de crisis, cuando el Comité, por presión del MAS, estaba alicaído, abandonado por sus principales protagonistas, esos empresarios que se apegaron al MAS para hacer buenos negocios. Pero paralelamente decaía la estrella del MAS, por ello Camacho se torna inopinadamente en líder de la rebelión popular antimasista. Tras el liderazgo de Camacho se nota la presencia dominante del padre (lo que hasta acarrea burlas) pues según el propio Luisfer y otros parece definir su accionar, arma el escenario y negocia con militares, policías y embajadas. Ahora ingresando en política abiertamente es Luis Fernando Camacho quien levanta, reafirma y adopta el viejo discurso paterno católico anticomunista que además de fascista es resentimiento económico y racista. Sin embargo su horizonte parece limitado. El viejo banzerista Maclean lo ha señalado como heredero de Banzer, pero indica que todavía no es su tiempo, que es la reserva política del futuro. La Nueva Bolivia que proclama, consigna banzerista, no cuaja aún.

 

CAMACHO SALTA A LA PALESTRA PÚBLICA

 

Con la llegada de Camacho a la presidencia del Comité Pro Santa Cruz, reemplazando al anodino y timorato Fernando Cuéllar, peón del percysmo, ya estaban en franca rebeldía las fuerzas populares en todo el país. Capas de la clase media dominaban el escenario y hasta dirigían materialmente la rebelión contra el MAS, con aire democratizante y también proempresarial, sobre todo en Santa Cruz y en varias capitales donde además un sentimiento anti indio cobró fuerza. Las plataformas y redes virtuales de jóvenes críticos al régimen, paradójicamente hijos de algunos de los principales socios del MAS o familiares que se beneficiaron, empujaron a quien dirigía el Comité, Camacho, a tomar papel cada vez más atrevido, siendo que de entrada parecía sólo otro presidente más.

 

El factor notable que coadyuva al malestar contra Evo y su gobierno a nivel nacional, fueron los incendios en la Chiquitania. La protesta ciudadana, orientada por diversos grupos ambientalistas sobresale y obliga al Comité a tomar posición por el medio ambiente, pero lo hace de forma distorsionada, más fiel a los empresarios que nada, responsabilizando de provocar los siniestros a los colonos o traficantes masistas (supuestamente cocaleros) que llegaron con promesas de tierra a cambio de votos, deslindando responsabilidad a los agropecuarios. Esa posición tuvieron cívicos y Gobernación, cómplices de la ampliación de la frontera agrícola y quema que toda la politiquería criolla aprobó unánimemente en términos legales junto al MAS (pero hoy se muestran hipócritamente como defensores de los bosques). Y por ello paradójicamente boicotearon la lucha de los pueblos contra los incendios. El caso de la gente llegada de Roboré es dramático, un movimiento independiente no controlado por el Comité y crítico a la deforestación, que fue a la Asamblea del Comité para denunciarlo, fueron expulsados acusados de ser masistas. Para Camacho, ligado al agronegocio por multitud de vínculos, esa gente resultaba incómoda. Camacho estuvo de sándwich entre sus lealtades pro empresariales y el empute popular.

 

Las plataformas juveniles fueron cruciales, cerrando filas para exigir a Camacho ir más allá, llamar al Cabildo y luego al paro, lo que no pudo detener. Ya en los cabildos, Camacho se revela como católico fervoroso, manipulando psicológica y hábilmente la euforia de la gente, mayoritariamente creyente, haciéndola arrodillar y rezar diariamente por Bolivia, mostrándose como sumo sacerdote de la gente que estaba en vigilia en todas las rotondas. Evo Morales encontró en Camacho el oponente ideal por encarnar visiblemente las tendencias conservadoras, pro capitalistas, coloniales y racistas, presentadas como democráticas, y entonces potenció a Camacho porque se dirigía a él como cabeza de la rebelión, despreciando a otros sectores cívicos que hicieron el Cabildo Nacional y por el Sur decidieron llegar por tierra en caravana a La Paz para expulsar a Evo del poder pero fueron detenidos a bala. Esa epopeya se quiere opacar y desvalorizar cuando es la vertiente plebeya que cuestionó primeramente la permanencia de Evo en el poder. Camacho se adelantó, llegó en avión a La Paz, a Palacio Quemado, con su pareja o pongo Pumari, a cumplir la tarea de introducir la Biblia (esa que hace 500 años trajeron los asaltantes españoles), expulsando a la Pachamama y arriando la whipala, en una pugna maniquea presentada como lucha del bien contra el mal, pero que inmediatamente provocó malestar en los pueblos identificados con ellas. Por cumplir esa tarea individual, las tendencias caudillistas y religiosas vigentes le han asignado el rol de salvador y mesías, siendo que la gente hizo su lucha pero la necesidad de un líder idealizó al joven valiente, al héroe, el que lo hizo todo, el enviado de Dios que recuperó la supuesta DEMOCRACIA.

 

Un fenómeno curioso es que en Camacho no se puede distinguir hasta dónde estaba preocupado por sus negocios o por obedecer el mandato del Cabildo, pues se quejó que por ser líder de la rebelión el MAS estaba interviniendo sus empresas. Últimamente, en julio pasado, para evitar críticas, Camacho ha anunciado que venderá sus acciones empresariales, asegurando que su interés económico no pesará en su ambición de ser presidente. Eso está por verse, normalmente los empresarios buscan el poder político para potenciarse económicamente.

 

Por otro lado los empresarios y autoridades regionales, cómplices del MAS, le deben el cuello a Camacho, que amortiguó en los cabildos la crítica sañuda que se hacía a estos sectores. Camacho les exigió rompan su ligazón con Evo, porque seguían fuera del conflicto debido a sus acuerdos con el Gobierno, esperando el desenlace para alinearse con el vencedor, en actitud oportunista. Camacho criticó públicamente a la Federación de Empresarios a la cabeza de Luis Barbery, un oficialista neto, por no defender a los Camacho y sus empresas del feroz ataque que sufría de parte del MAS. En realidad Camacho hoy es aún más crítico a los más importantes empresarios cruceños, les echa en cara que se hayan aglutinado en torno al gobierno de Jeanine, en JUNTOS, que se hayan apoderado del Gobierno y que ahora que ese proyecto político naufragó se orienten a apoyar a Mesa.

 

CAMACHO SE PERFILA COMO LIDER PARA SER PRESIDENTE

 

Ya tras la caída de Evo y la formación del nuevo Gobierno de Jeanine Añez, Camacho tiene un rol decididamente protagónico. Su liderazgo creció al punto de lanzarse abiertamente a la arena política pero, como la crítica popular le cuestiona su uso del Comité como instrumento de una tendencia política, renuncia y forma su organización política. Eso es CREEMOS, con claro sello confesional conservador, al punto de usar subliminalmente el símbolo del pez, de los cristianos antiguos.

 

Los grupos cívicos se reestructuran detrás de Camacho que se pavoneaba como parte del esquema gobernante. Creen que es su hora. Exigen participación en el aparato estatal y principalmente en instituciones cruceñas como el INRA, la ABT, etc. piden se les consulte para dar su aval en los nombramientos y amenazan tomar medidas de hecho. Aparecen grupos disputándose la Unión Juvenil, cínicas tendencias filo nazis como la Vieja Guardia, usando águilas hitlerianas, y aflorando grupos de jóvenes ambiciosos y lumpen. Esa juventud es la bandera generacional de tipo electoral que CREEMOS manipula, diciendo que le toca a la “juventud” y ya no a los viejos políticos, otra falacia. El propio Carlos Valverde señaló que los seguidores de Camacho actúan como grupos de choque imitando a los antiguos fascistas italianos del “fascio di combattimento” y que no tienen mayor propuesta. Las logias han usado a la juventud como grupo de choque no para plantear ideas. Pese a que una de las líneas electorales del camachismo es la ruptura con la “vieja política”, muchos sonríen al ver que sus filas se puebla de gente de la politiquería tradicional tan desacreditada. Los grupos de jóvenes que no se acercan a la ideología revolucionaria, a la independencia ideológica, terminan como en el caso de CREEMOS sirviendo a la contrarrevolución, a la politiquería burguesa.

 

Una agresiva línea propagandística le construye a Camacho una imagen que tiene mucho del bolsonarismo, política y económicamente, pero calculada e hipócrita. Fernando es presentado como un santón, rodeado de imágenes de vírgenes y santos, de rosarios y cruces; como salvador mesiánico; a la vez no niega ser heredero del dictador Banzer, como lo declaró su asesor, el ex adenista y banzerista acérrimo Ronald Maclean; lo que se complementa con una simpatía con los EEUU (Trump) y un odio exacerbado contra la dizque izquierda. Esta gente asegura que el MAS es socialista, comunista, marxista, y como fanáticos liberales aseguran que hasta Mesa y Jeanine también lo son. Ese odio lo presentan como principio, para conseguir el apoyo de clases medias y otros grupos aterrados ante la corrupción y degradación del denominado Socialismo del Siglo XXI.

 

La bolsa de gatos que es CREEMOS, aglutina tendencias contradictorias y conservadoras de carácter religioso, identitario cruceñista, institucional (o sea de las logias y el aparato señorial cruceño dominante), también tiene un componente percysta, porque la alcaldesa interina Angélica Sosa es virtual aliada, pese a su impopularidad creciente; también le apoyan liberales, busca conquistar a los sectores empresariales que defienden el agronegocio y el extractivismo depredador presentado como “modelo productivo cruceño”. Camacho apela principalmente a la emoción, al ser cruceño y a la juventud, como los nazis, para subsanar sus contradicciones y vacío ideológico.

 

Por eso el ascenso electoral de Camacho se limita a Santa Cruz, donde la manipulación de la religión y el amor al terruño tiene su efecto. La desesperación ante las encuestas negativas que le dan menos del 30% del voto regional, le provoca estigmatizar a los críticos como “traidores”, porque el que no vota por Camacho supuestamente no quiere a Santa Cruz. Camacho es como un “mallku” cruceño, levanta la bandera etnocentrista (otra vertiente racista), donde ya no importan las ideas de los candidatos sino que éstos sean de Santa Cruz, usando la idea de que “es hora de que Santa Cruz tenga un presidente” lo que se lograría si el 70% de Santa Cruz vota por Camacho, estratagemas definitivamente manipuladoras. Así está servida la MENTIRA ÚTIL. En esa medida es similar al MAS, la NUEVA DERECHA, que manipuló las emociones de sectores populares presentándose como izquierdista, pachamamista, ambientalista, como fuerza revolucionaria, siendo todo lo contrario.

 

 

LAS DIFICULTADES DEL CAMACHISMO

 

Camacho no ha podido influir en el resto del país y espera un milagro para ser presidente. No le ha servido de mucho su escudero Pumari para ganar simpatías en el occidente porque se advierte en el potosino su subordinación ideológica pro patronal y en su propio lugar de origen lo ven como un traidor y corrupto por subordinarse a Camacho y por sus ambiciones reveladas en las negociaciones con Camacho, aduanas y recursos económicos de por medio.

El importante rechazo nacional a la candidatura de Camacho se explica además porque el factor determinante y que pesa a lo largo de los últimos años, es el carácter conservador, derechista, logiero y proempresarial de diferentes liderazgos cruceños, que provoca en el resto del país dudas, sospechas y finalmente rechazo absoluto. La experiencia con las dictaduras, los gobiernos neoliberales y con los autonomistas, parece haber fijado en el imaginario boliviano la tendencia por lo plebeyo, lo rebelde, por lo antiburgués, donde Camacho y su prédica no tienen espacio. Recordar que en el Oriente las tendencias más conservadoras y fascistas han tenido preponderancia desde la época del 52. En Santa Cruz y el Beni se refugió FSB donde gestó golpes de estado sangrientos aunque el discurso regionalista de derecha apuesta a que el Oriente es reducto democrático, el fascismo siempre se disfraza con el manto de la democracia.

 

Sin embargo liderazgos del otro polo han habido en Santa Cruz, con su referente inicial Andrés Ibañez, el “cambero” que se levantó contra las élites y encontró en el federalismo la forma de defenderse del ataque de la alianza de gamonales criollos con el poder central. Hubo luchas en Santa Cruz pre 52, entre gente del PSOB y piristas del oficialismo rosquero contra los troskistas. El 50 los troskistas fundaron la COD y Guillermo Lora fue delegado por Santa Cruz al primer Congreso de la COB el 54. El emenerrista Luis Morón repartió tierras para obtener liderazgo. El 70, con la formación de la Asamblea Popular, se formó un liderazgo obrero encabezado por fabriles y secundado por universitarios, pero fueron masacrados. Esa derrota fue grave para el liderazgo plebeyo. Después de ello, tras la caída de Banzer el 78, vino la oleada democratizante y la aparición de las logias, grupos de poder que se apoderaron de las cooperativas y trabajaron para corromper o destruir los liderazgos originales.

 

El camachismo es parte de esas fuerzas oscuras de los grupos de poder que se quieren mostrar angelicales pero son en realidad inmorales, como ejemplo está la participación de Camacho en la constitución del Gobierno de Jeanine Añez. La lucha no fue para asaltar cargos públicos pero ni corto ni perezozo Camacho se puso a definir cómo y con quién se gobernaba, incluso pactando con los masistas. Tres ministros (Justiniano, Lizárraga y López) y otros gerentes de entidades públicas fueron colocados por Camacho, de donde varios renunciaron envueltos en escándalos de corrupción, escapando incluso al exterior. Es como el Bolsonaro brasileño, un moralista pero que esconde una gran deshonestidad, en último término arribistas desesperados de poder y plata.

 

Otra de las contradicciones en las que incurrió Camacho, fue cuando se conoció del fraude masista. Él, como presidente del Comité Cívico cruceño pedía que se haga presidente a Mesa, sin embargo ahora está distanciado del candidato de Comunidad Ciudadana, acusándole de comunista. Camacho en medio del conflicto, fiel a sus tendencias golpistas, sugirió que se conforme una junta de Gobierno. Aunque Luis Fernando Camacho no gane las elecciones se ha convertido en algo así como la reserva de la contrarrevolución como Maclean sugiere. Por eso, negociar con Mesa, antes o después del 18 de octubre, puede desinflarlo a tiempo de hacer esos acuerdos, porque reaparecería como mentiroso, y que pertenece nomás a la vieja política que pretende negar. Su falta de seriedad, sus exageraciones, sus equivocaciones, su poca preparación, que provocan burla, son obstáculos en su camino.

 

El Bolsonaro cruceño es un mesías en la cuerda floja. Juega en su contra su exagerada megalomanía. Como respuesta a su baja votación nacional Camacho dice amargamente haberle “dado al país la oportunidad de que Evo Morales no vuelva”, o sea que sólo él como presidente impediría esa posibilidad, cuando sabemos que “la revolución de las pititas” es impotente para frenar al MAS. Su crítica sañuda contra Jeanine Añez tras su renuncia y contra Carlos Mesa, es en realidad a los empresarios alineados en su contra, y eso parece no le redituará votos. En realidad nos encontramos ante una pugna interempresarial, interburguesa, todos coquetean a los empresarios para recibir su favor. Camacho contra las encuestas desfavorables quiere forzar su ascenso llamando al orgullo regional para posicionarse como fuerza poderosa a punta de pecharla. Pero está muy presionado porque señalan que será irremisiblemente responsable del retorno de Evo Morales. Camacho responde a eso de forma autosuficiente y simplista, que si se lo sacó a Evo una vez igual nomás se lo podrá sacar de nuevo.

 

Los bolivianos no necesitan de salvadores, peor como Camacho fascista. Los politiqueros de todo color quieren que se les entregue el voto y la lucha popular. Buscan usarnos de escalera para asaltar la cosa pública mientras la gente común vive de su trabajo, de su esfuerzo. Por ello VOTAR NULO!!! para dejar huérfana la farsa electoral tan plagada de payasos y monstruos de la política que al final actualmente todos son de derecha, incluido el MAS, tan parecido al camachismo.

 

PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO - SANTA CRUZ