"Querer explicar el caos económico por las consecuencias de la guerra es dar prueba de un espíritu desesperadamente superficial."

 

La decadencia del capitalismo, su crisis incurable, su descomposición, forman la base histórica del enfrentamiento que existe entre democracia y fascismo. A pesar de los progresos incesantes de la técnica y de los notables resultados de ciertas ramas industriales, el capitalismo en su conjunto paraliza el desarrollo de las fuerzas productivas y determina una extrema inestabilidad de las relaciones sociales e internacionales. La democracia parlamentaria está Íntimamente ligada a la época del capitalismo de libre concurrencia y de libre comercio internacional. La burguesía pudo tolerar el derecho de huelga, de reunión, de libertad de prensa, mientras las fuerzas productivas estuvieron en pleno ascenso, cuando se ampliaron los caminos, se aumentó el bienestar de las masas populares (aun restringido) y las naciones capitalistas pudieron vivir y dejar vivir. Pero hoy, ya no. La época imperialista está caracterizada por el estancamiento y la disminución del ingreso nacional, por una crisis crónica y una desocupación orgánica. Estos fenómenos internos son tan inherentes a la fase actual del capitalismo como la gota y la esclerosis lo son a una edad determinada del individuo. Querer explicar el caos económico por las consecuencias de la guerra es dar prueba de un espíritu desesperadamente superficial. La guerra es el intento de los capitalistas de hacer recaer la quiebra, que los amenaza, sobre la espalda del adversario. El intento fracasó. La guerra no hace mas que agravar los signos de la descomposición y su acentuación posterior prepara una nueva guerra.

 

Con lo malas que son las estadísticas económicas, que silencian intencionalmente los antagonismos de clase, no pueden disimular la descomposición social. Paralelamente a la disminución del ingreso nacional, a la ruina de los pequeño-burgueses de las ciudades, al crecimiento de la desocupación, las empresas gigantes obtienen brillantes beneficios. El capital financiero se chupa la sangre del pueblo, en toda la acepción de la expresión. Esta es la base social de la ideología y de la política de la unidad nacional.

 

Son posibles, e inevitables, distensiones y fluctuaciones en el proceso de descomposición; pero mantendrán un carácter estrictamente condicionado por la coyuntura. En cuanto a a la tendencia general de nuestra época, ésta pone a los diversos países, ante esta alternativa: o el proletariado derriba al orden burgués profundamente gangrenado, o el capital, por su propia conservación, debera reemplazar a la democracia por el fascismo.

 

Francia en la encrucijada
1936
Leon Trotski