El regreso de Trotsky, el “mejor bolchevique desde 1917”

 

 

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Leon Trotsky regresa a Rusia.

 

Guido Lapa

 

La Revolución de febrero encontró a la mayoría de los cuadros revolucionarios rusos desperdigados por el mundo. El zarismo llevaba años afilando su sistema represivo, los exiliados se contaban de a montones, particularmente en Europa.

 

Trotsky -que había sido, a sus 25 años, presidente del soviet de Petrogrado en la Revolución de 1905- se encontraba, al igual que Nikolái Bujarin, en Estados Unidos. Miles de kilómetros lo separaban de su Rusia natal y algunos menos de la Zurich en que se encontraba Lenin. Sin embargo, esa distancia geográfica se contraponía con una convergencia teórica y política fenomenal. Desde Nueva York, Trotsky escribía sus propias “cartas desde lejos”, llegando prácticamente a las mismas conclusiones que el viejo líder bolchevique.

 

Como relata el propio Trotsky en Mi vida: “Aquellas dos series de artículos, escritas desde dos puntos separados por el Océano, coinciden en el análisis y en el pronóstico. Las fórmulas fundamentales a que llegábamos -posición ante la clase campesina, ante la burguesía, ante el gobierno provisional, ante la guerra, ante la revolución internacional- eran las mismas”.

 

Las diferencias del pasado

 

La Revolución de 1905 fue una experiencia fundamental para los revolucionarios rusos. En el “ensayo general” se cristalizaron diferencias entre las distintas tendencias, como no se habían manifestado hasta entonces. Los mencheviques tenían la posición de que dado que la revolución que debía llevarse a cabo en Rusia iba a ser burguesa, la debía encabezar la burguesía -siguiendo lo ocurrido en las revoluciones burguesas de Europa occidental. Los bolcheviques (con Lenin a la cabeza), por el contrario, enfatizaban que la burguesía rusa era incapaz de llevar su propia revolución hasta el final y que quienes deberían liderar la revolución eran los obreros y campesinos, mediante una dictadura democrática del proletariado y el campesinado. Trotsky, por su parte, había llegado a conclusiones distintas a la de las dos tendencias socialdemócratas en su balance de 1905: para él “no hay dos sujetos políticos independientes de la revolución, el proletariado y el campesinado, con el segundo poniendo límites a la actividad revolucionaria autónoma del primero. La victoria de la revolución democrática en Rusia sólo era concebible bajo la forma de una dictadura del proletariado apoyada en el campesinado”, dando comienzo así simultáneamente a la revolución socialista.

 

Este acierto -probado por la historia- sobre las perspectivas de la Revolución Rusa no tuvo en su momento demasiado eco. Resultados y Perspectivas, publicado en octubre de 1906, fue incautado casi en su totalidad por la policía y tuvo pocos lectores. Trotsky escribirá, en 1928, que Lenin nunca leyó Resultados y Perspectivas.

 

Pero esta divergencia con ambas corrientes de la socialdemocracia rusa no fue, sin embargo, adecuadamente procesada por Trotsky. “Las diferencias estratégicas entre bolcheviques y mencheviques le parecen secundarias si se las compara con su análisis aparentemente común de la próxima revolución rusa. Por eso calificará sus desacuerdos de muralla de papel artificial”.(3)  Esa caracterización lo lleva a plantear insistentemente la unificación entre los bolcheviques y los mencheviques durante el largo período desde 1906 hasta la revolución de febrero. 

 

Cuando en sus “Tesis de Abril” Lenin afirma que es necesario abandonar la idea de las etapas revolucionarias separadas en períodos de tiempo largo, es acusado por los “viejos bolcheviques” de trotskista. Pero Lenin, como reflejamos en artículos anteriores, llega a estas conclusiones con su propio método y sus propias premisas, sin diálogo o discusión alguna con Trotsky. Al narrar esta cuestión, Trotsky es tajante al afirmar que lo que los había mantenido separados no era la concepción de la revolución permanente, sino su posición frente a la cuestión del partido socialdemócrata -es decir, su actitud hacia el menchevismo.

 

Efectivamente, en la lucha política de esos años no se enfrentaron por la concepción de la revolución. Por un lado, porque no era el tema que se debatía en las filas del partido. Como vimos, de esa inmensa obra llamada Resultados y perspectivas no se imprimieron más que un puñado de ejemplares que no significaron de ninguna manera un sismo en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). Lo que realmente los enfrentó en esos años fue la actitud hacia las fracciones de la socialdemocracia.

 

Diversos autores han planteado que Trotsky era, al menos en su juventud, contrario a la idea de un partido obrero, probablemente influenciado directa o indirectamente por la historiografía estalinista y su relato. Esto no es así. Desde sus escritos previos a la revolución de 1905, Trotsky ya se muestra preocupado por el problema del partido, aunque con una visión distinta de la de Lenin.

 

Los acuerdos del presente

 

El 5 de mayo, un mes después que Lenin, Trotsky llega a Rusia junto con su familia. El discurso que pronuncia en la estación es ya indiferenciable de la línea promovida por los bolcheviques y particularmente por Lenin desde su regreso. Ambos planteaban la necesidad de pasar a la segunda etapa de la revolución, a la dictadura del proletariado. Acuden a recibirlo a la estación tanto los militantes de su grupo interdistrital (mezhraionka) como un miembro del Comité Central del Partido Bolchevique. En común organizan una recepción en su honor el día 7, mientras que el 9 al celebrarse una conferencia de la mezhraionka, Trotsky se pronuncia por la fusión con los bolcheviques afirmando que éste “ha adoptado una perspectiva internacionalista”.

 

La llegada de Trotsky coincide con un momento crucial en el desarrollo de la revolución. En los primeros días de mayo, los mencheviques y los eseristas se incorporaban al gobierno provisional dando lugar a la formación del primer gobierno de coalición (frente popular) y planteándole nuevos desafíos al partido bolchevique sobre cómo intervenir frente a esa nueva situación.

 

Interviniendo directamente en el soviet, donde se incorpora inmediatamente a su comité ejecutivo con voz y sin voto por su papel en 1905 (a propuesta de los bolcheviques), en poquísimo tiempo se gana el respeto y la admiración común. Es cada vez más claro que su política sólo puede ser llevada adelante por el partido bolchevique, al tiempo que éste necesita de la incorporación de los cerca de 4.000 militantes, cuadros, oradores y agitadores que formaban parte de la interdistrital, con una interesante presencia en las fábricas de Petrogrado y los suburbios. Lenin propone que entren al partido en puestos de dirección y le ofrece a Trotsky la dirección de Pravda, ofrecimiento que no se concreta.

 

El 2 de julio se vota, finalmente, lo que todos esperaban: el ingreso de la mezhraionka al partido bolchevique y en el congreso bolchevique celebrado a fines de julio se elige un nuevo Comité Central de 21 miembros: Lenin obtiene 133 votos; Zinóviev, 132, y Trotsky y Kámenev, 131. También ingresan al Comité Central otros dirigentes destacados de la Interdistrital como Lunacharsky, Joffe y Uritsky.

 

Queda por examinar un proceso complejo y muy rico conceptualmente, de cómo estas incorporaciones, tanto de Trotsky como de los otros miembros de la interdistrital a la dirección bolchevique, significan un impulso a la revolución y los debates que se producen en el seno del partido bolchevique desde julio hasta la toma del poder, en los cuales encontraremos a Trotsky mucho más afín a Lenin (aún con algunas diferencias) que muchos de los dirigentes “viejos bolcheviques”.