Yo, leninista

 

 

9 de febrero de 2018

 

Manfredo Kempff Suarez

 

Jamás se me hubiera ocurrido pensar en declararme públicamente leninista, si no fuera que en Ecuador ha irrumpido vigorosamente en la presidencia de la República, Lenin Moreno, dando algunas lecciones que no solamente van a salvar a la democracia ecuatoriana sino que le servirá a la boliviana también. Obedecer a la iniciativa ciudadana de su país ya es suficiente motivo como para declararme un convencido leninista.

 

Todos sabemos que los socialistas del siglo XXI y aventajados discípulos del Foro de San Pablo, han tomado, como centro de su política, apoderarse del poder hasta que los echen, si es posible. Eso, lo primero. Y lo segundo, que no es nada despreciable, forrarse de plata gastando miles de millones en grandes obras, innecesarias a veces, para obtener jugosas comisiones.

 

Eso, el poder y el dinero, es imposible que sean algo propio si no se tiene atada a la justicia. Con excepción de Brasil, todos los gobiernos populistas en América Latina y el Caribe, han intentado tener una justicia obediente y agradecida con sus mandantes, precisamente para que interpreten las leyes al sabor de aquellos poderosos y para que hagan la vista gorda ante sus latrocinios. Ciega, sorda y muda, la justicia ha promovido un proxenetismo ilegal vergonzoso.

 

Como buen hijo del Foro de San Pablo, Rafael Correa había creado una Constitución a su antojo, donde lo principal era la reelección indefinida del Presidente. Era algo que estaba cocinado para su regreso al poder el 2021. Es la consabida drogadicción con el mando que tienen todos los populistas. El poder los envicia y los envilece a extremos tales que se enferman con la sola idea de que se les quitará el señorío de dominar. Pensar en un futuro de abstinencia de mando les hace perder el buen criterio y la razón.

 

Lenin Moreno promovió una consulta popular en Ecuador y el resultado le ha sido muy favorable desde el momento en que ha vencido la opinión convencida de que no debe existir la candidatura indefinida a la presidencia,  ni que tampoco podrán habilitarse como candidatos a nada los políticos corruptos. Existieron cinco temas más que fueron votados con alrededor de un 66% del electorado y que dejan a Correa fuera del juego político. Porque, además, el ex-presidente será llamado a juicio por presuntas irregularidades millonarias en la venta de petróleo a China y Tailandia.

 

Como sucedió en Bolivia el 21 de febrero de 2016, la victoria ha sido del pueblo ecuatoriano, no de partidos políticos, aunque personajes como Lasso, Nebot y otros de la oposición hubieran mostrado sus caras en el proceso. Ha sido, según sabemos, la primera derrota electoral de Correa y seguramente que la última porque no le será muy fácil volver a candidatear para nada.

 

Para los bolivianos el triunfo de la sensatez es importantísimo, porque refuerza la decisión de no admitir otra reelección de S.E. el 2019. En un sistema de derecho no es admisible que un solo sujeto quiera hacerse del poder eternamente y disponer de los recursos del Estado como si los sacara de su bolsillo, como un regalo a los hambrientos a cambio de votos. Eso debe terminarse en Bolivia y así se ha decidido el 21-F. Los caminos se le estrechan a S.E. y en muy buena hora. Tolerar 14 años de mal gobierno es algo inaudito.