ASESINATOS Y MASACRE

 

RECUERDOS SOBRE CÉSAR LORA,
ISAAC CAMACHO Y JULIO C. AGUILAR

 

Los camaradas César Lora, Isaac Camacho y Julio C. Aguilar, juntamente con otros, son mártires de la causa trotskysta y también del proletariado nacional, esto aunque así no lo hubieran declarado el Cuarto Congreso de la COB y la Asamblea Popular. Se trata de incansables e intransigentes luchadores que cayeron en plena batalla.

Los sobrevivientes de tantos episodios trágicos estamos orgullosos de ellos y tenemos especial interés en remarcar sus grandes virtudes para que los nuevos militantes los imiten, para que sean el espejo en que se miren. Forman ya parte de la tradición partidista, sin dejar de ser parte de su presente. Sin embargo, es preciso remarcar, ahora más que nunca, que tenemos también la obligación de señalar, sus limitaciones y sus errores, sólo así podremos aprender de la rica experiencia, de la experiencia, que nos han dejado. No buscamos crear una leyenda para sustituir a la realidad. La historia no está hecha por dioses infalibles, por seres sobre naturales que vinieron al mundo ya como marxistas formados, etc, sino por hombres normales, con virtudes y defectos, y en condiciones predeterminadas. La ignorancia y la mala fe, que no puede menos que ir contra la historia y apartarse del camino revolucionario, se ven precisadas a crear mitos e imposturas para llenar el vacío provocado por la carencia de ideas; como quiera que se encuentran al margen del programa del proletariado precisan falsificar los hechos a fin de impresionar a posibles nuevos prosélitos o para poder consolarse por las fechorías que hacen a diario. Son deliberadamente falsarios y desarrollan la "teoría" de que la lucha revolucionaria permite todos los recursos, incluso los más innobles. No. Para los revolucionarios la autocrítica es necesaria tratándose también de los militantes más apreciados. Buscamos comprender debidamente a nuestros héroes, no convertirlos en ídolos intocables. Esta última actitud debe ser rechazada por contra-revolucionaria, por no decir stalinista; también en este plano es la verdad la que sirve a la revolución.

Nuestro cálido y sincero homenaje a los camaradas desaparecidos no nos impide analizarlos con el prisma de la crítica. Buscamos así contribuir, cierto que modestamente, al fortalecimisnto de nuestro Partido. Las notas que siguen se detienen deliberadamente en dar el toque humano de quienes demostraron estar hechos del mejor acero para la lucha descomunal contra el enemigo de clase.

 

Guillermo Lora
Octubre de 1975

 

 

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